Universidad del Cauca

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La composición de un oleaje interno

Por: 
Luis Guillermo Jaramillo
Editor General
ljaramillo@unicauca.edu.co

 

Recientemente la Editorial Unicauca publicó Antología Personal, del poeta colombiano Giovanni Quessep. El texto que aquí presentamos es la introducción a este libro, escrita por nuestro Editor General. 

Reunir toda la vida en una Antología personal navegada por poemas, es tanto o más que decir que en un poema puede estar toda la vida. Pocos seres en el universo tienen el privilegio de ser contados y cantados por sus propios poemas. El poeta de la presente obra es uno de ellos. Los poemas que vibran en este oleaje no fueron simplemente seleccionados para hacer una colección más de su poesía; estos fueron leídos, contados, reídos y saborizados en medio de una frase que Giovanni Quessep siempre repetía: “le voy a contar algo...si me lo permite señor Jaramillo…” Les compartiré entonces en qué mares navegó este precioso libro:

Todos los martes a las diez de la mañana, el poeta y yo, nos sentábamos en un corredor de esta casa vieja, a las afueras del salón editorial, para dar vida una y mil veces más a los poemas que conformarían el intenso oleaje de esta obra. El poema escogido se leía en voz alta...unas veces él... otros veces yo...; después de su lectura, Giovanni decía: “le voy a contar algo...”, inicio de un oleaje interno que lo impulsaba a narrar, a mover en espiral su mano derecha señalando hacia el infinito la motivación de cada historia. Me contaba el porqué del azul en un poema; o como salió a la superficie, porque ya vivía internamente en su ser: Alguien se salva por escuchar al ruiseñor; o el tiempo que soñó por largas noches con su padre, hasta esa última noche que lo vio alejarse como un punto de plata, de inmediato se levanta como un sonámbulo y escribe sin detenerse Elegía; o la historia de esa tarde triste en que se entera que el Mediterráneo se llevó para siempre a la gran amiga, luego, vestido de luto azul, se queda solo escribiendo Un verso griego para Ofelia.

Así fueron transcurriendo los martes en los que fui balanceado por las olas intensas del poeta, oleaje que en el tiempo se fue haciendo sinfonía. Él me invitó a transitar por cada uno de sus puertos –libros– en esta Antología personal. El escuchar los poemas de su propia voz no fue solo un privilegio para mí, también fue una bendición: a cada poema lo acompañaba una historia, un ...le voy a contar algo... que era como una estela de luz sonora que recorría los corredores de esta vieja casa.

Antología Personal se convirtió en el pretexto para acercarme a Giovanni Quessep, pero también, para conocer al hombre salido de San Onofre. Su exilio. La familia: los preludios de su infancia y el despertar de la adolescencia; el vínculo con sus padres, los abuelos. La casa con un patio donde están presentes los almendros, el columpio, los niños, los pájaros y el aljibe; a su vez, la casa está unida a un pueblo que lo vincula con nostalgia a un puerto: punto de partida que lanza al poeta a un no-lugar, donde habita como extranjero para recoger todas las cosas y hacerlas Arte poética coral. Por ello, no es gratuito que en su poesía esté constantemente el mar y el exilio, conjunción que empuja a no quedarse anclado al lugar sino aventurarse siempre a lo desconocido, al infinito. En Giovanni es perfectamente posible que la intimidad de una casa eleve sus anclas para navegar a mar abierto por la poesía universal, revelando en cada puerto la desnudez de nuestra propia existencia humana. Para él, el mar no es una fuente de inspiración sino de vida; es decir, no existe solo el mar, existe mar y casa, Mar y nombres: “El mar abre la noche, quema sueños con su tiempo hacia abajo. Azul [...] el agua se deshoja y recomienza”. Su poesía es composición de un oleaje interno en la que cada poema es un torbellino que viene de muy adentro donde se puede sentir el sonido de una pieza musical; sus poemas componen un oleaje que al chocar con un acantilado, recomienzan para seguir siendo parte del universo.

Este sentido de recomienzo, es similar a un pequeño cuentecillo que un profesor llamado Morrie narra a un joven estudiante:

El cuento es de una olita que va saltando por el mar y lo pasa muy bien. Disfruta del viento y del aire libre, hasta que ve que las demás olas que tiene delante rompen contra la costa.

—“Dios mío, esto es terrible —dice la ola—. ¡Mira lo que me va a pasar!”

—Entonces llega otra ola. Ve a la primera ola, que parece afligida, y le dice—. “¿Por qué estás tan triste?”

—La primera ola dice: “¿Es que no lo entiendes? ¡Todas vamos a rompernos! ¡Todas las olas vamos a deshacernos! ¿No es terrible?”

—La segunda ola dice—. “No, eres tú la que no lo entiende. Tú no eres una ola; [tú] formas parte del mar”.

—Parte del mar —dice [el profesor]—, parte del mar.

Por coincidencias de la vida, y creo que en la poesía nada es coincidencia, este cuentecillo escrito por Mitch Albom (2005), está en un libro titulado Martes con mi viejo profesor, donde narra la formación recibida por un hombre que marcó profundamente su vida.

Caso similar nos ha ocurrido a los que hemos sido navegados por el oleaje interno de Giovanni Quessep. Para mi fueron martes con el poeta; para otros, un día distinto en un Café esquinero de la ciudad blanca. Similar a Sherazada que recomienza cada noche con un: «había una vez un Rey...», Giovanni recomienza su historia con un «le voy a contar algo…», dando inicio a Las mil y una mañanas por las que nos lleva siempre a lo desconocido. Sherazada no concluye su historia, Giovanni tampoco, la deja cortada para incentivar un nuevo encuentro, un nuevo mañana...un recomienzo...

Ahora bien, si en Las mil y una noches –uno de sus libros más amados– la reina salva su vida por el arte, a nosotros nos salva el poeta, golpeados por el oleaje de su poesía, de ver y sentir una realidad vacía y sin esperanza; cada historia es un horizonte, recomienzo de una vida que guarda los secretos de los seres y los objetos que la habitan. Para él, la escritura consiste en quitarle el velo a la realidad, lo que la oculta, lo que existe dentro de ella: él ve en una mesa la madera, la madera le conecta a un árbol, y el árbol le lleva a un bosque; de este modo, el poeta en la ciudad puede escuchar perfectamente el trino de un pájaro. Para él una piedra «sueña con viejos y dolorosos laberintos... las torres nunca fueron sino música en piedra edificada». Giovanni recoge lo que queda del lugar para otorgar un nuevo comienzo; en este sentido, no leamos la poesía del poeta, leamos lo que hay en la poesía del poeta; es decir, cantar la esencia de los seres y las cosas: de un pájaro llamado Oropéndola, Simurg o Ruiseñor, de una piedra que entre ramas, oculta, primaveral florece; o de un árbol que hace del lápiz el recurso que nutre la escritura.

Antología Personal está llena de puertos, de oleajes que llevan a acantilados desconocidos; desde allí se recomienza un sentir esencial de la vida. Les invito entonces que asistan a esta Fiesta –como llama a uno de sus poemas– y llevemos nuestras naves al puerto, haciéndonos a la mar: «la vida es bella».