Universidad del Cauca

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La aportación teórica de Javier Tobar al conocimiento del Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, Colombia.

Por: 
Juan Duchesne-Winter
Profesor de Literatura Latinoamericana, Universidad de Pittsburgh.
duchesne@pitt.edu

 

Libro reseñado: La fiesta es una obligación. Artesanos intelectuales en la imaginación de mundos posibles, del antropólogo Javier Tobar, profesor del departamento de Ciencias Económicas de la Universidad del Cauca y coordinador del Programa de Maestría en Estudios Interdisciplinarios del Desarrollo. 

La etimología de la palabra de origen griego antiguo, “teoría” apunta a una de las formas del conocimiento según éste se entiende en la tradición occidental: el conocimiento como contemplación. La palabra “contemplación” se deriva a su vez del latín “contemplatio”: mirar, observar, ver desde el templo. En este sentido, se denota una situación de distanciamiento con respecto a aquello que se observa: se le mira desde una posición particularmente separada, distinguida, privilegiada, protegida, con respecto al lugar en que se ubica el objeto de la contemplación. Hay cierta connotación, también, de pasividad, de abstenerse de participar o siquiera aproximarse al objeto observado.

Sin embargo, en la literatura antigua y medieval se registran además otros usos del término “teoría” que se refieren más que a ver o contemplar en sí mismos, al acto de preparar algo para que sea contemplado, es decir, a la manera en que se articula, elabora, construye un evento, un objeto y sobre todo una serie de objetos para que sean vistos, percibidos, experimentados de la mejor manera posible. Entonces “teorizar” es también una acción de organizar, realizar montajes, escenarios para mostrar series de objetos y acciones ante determinados observadores, espectadores e incluso participantes. Por eso hay textos en los que se les llamaba “teorías” a las carrozas, confecciones, representaciones, actuaciones, conjuntos, comparsas que desfilaban en las celebraciones que hoy día denominamos como carnavales. Hay textos en que se admiraba la “bella teoría de Eros, de Príapo que desfiló” en ocasión de una procesión celebratoria sagrada. En fin, que preparar un carnaval, participar en él es hacer teoría, pues el carnaval en sí, al menos su aspecto de presentación, exhibición y desfile, es una teoría. El carnaval es la teoría y la teoría es el carnaval.

Javier Tobar, en este bello libro, hace teoría sobre la teoría que es el carnaval mismo. Y es en más de un sentido que el profesor Tobar realiza esa teoría de la teoría, pues más que describir el Carnaval de Pasto, su propósito es estudiar “las artes que hacen posible su realización”; es decir, él se propone examinar cómo se elabora, cómo se hace esa teoría que es el carnaval; estudia, en fin, lo que algunos marxistas muy bien llamaron la praxis teórica, para referirse al ejercicio activo y transformador del arte de la teoría, en el cual participan, según lo consigna el propio Tobar, tanto el alma, como la mano y el ojo.

En consonancia con ello, Tobar aborda la palabra de los artesanos como testimonio íntegramente intelectual, creador y vital, y les llama “intelectuales artesanos”. Los artesanos son también teóricos en cuanto se involucran en una práctica teórica múltiple de la cual emerge una teoría del Carnaval. El rol que asume, entonces, el profesor Tobar es dialogar con esa teoría multiplicada por los oficios artesanales y simbólicos, es decir, creativos y sociales del artesano carnavalesco. La gran contribución teórica y metodológica de Javier Tobar a los estudios sobre el carnaval consiste en su perspectiva original. A diferencia de la mayor parte de la bibliografía, el libro de Tobar no se ocupa de algo que ya se ha hecho con mucha frecuencia, que es la descripción del espectáculo mostrado en el carnaval, la descripción y lectura del sentido de sus distintas representaciones, en las carrozas, las comparsas, los personajes, las máscaras, las innumerable parafernalia visual y acompañamiento musical y verbal, la participación colectiva. Este aspecto espectacular y celebratorio, que por cierto es la culminación y epifanía del carnaval, ya ha recibido, hasta ahora, bastante atención, y sin duda seguirá mereciendo atención siempre. De hecho, el libro de Javier Tobar también aborda ese aspecto, no lo deja de abordar. Pero su estudio enfoca sobre todo el lado menos conocido, menos espectacular, más secreto, se podría decir, que es el taller de forja, de manufactura, ideación, invención, narración, y pensamiento de los entes participantes en el carnaval. Su análisis privilegia la figura que él denomina como “el intelectual-artesano” en su escenario, que es el taller de confección de las carrozas, los muñecos y otra parafernalia tan vital al evento.

Es en ese diálogo que Tobar encuentra que el Carnaval no es sólo espectáculo, show, despliegue, sino también concepción, pensamiento, organización de prácticas colectivas, interacción del cuerpo con actores materiales, energéticos y espirituales, y sobre todo, forja de relaciones, de intercambios, reciprocidades entre múltiples participantes. En estos intercambios, según el autor, se esbozan, atisban o vislumbran maneras colectivas de vivir diferentes a las rutinas sociales y económicas dominantes, es decir, que apuntan a otro tipo de relaciones entre los seres humanos. Por eso es que el autor encuentra en esas prácticas una crítica del sistema social imperante, según él mismo resume en palabras propias:

…la aparición del cuerpo del carnaval ha impactado más a los estudiosos que las artes que hacen posible su realización. Frente al espectáculo visual, económico y político que tiende a domesticar y adormecer el pensamiento y la mirada, sostengo que la diferencia de la constelación de imágenes y actos proyectada por estos hombres y mujeres que hacen suyo el Carnaval de Negros y Blancos radicaría en mostrar una visión crítica de la realidad y más digna de la vida.

Sirviéndose de algunas precisiones teóricas sobre la socialidad cotidiana, el trabajo, la creación artesanal y las prácticas alternativas, aportadas por figuras como Georges Bataille, Walter Benjamin, Michel de Certeau, Paolo Virno y otros, el profesor Tobar realiza toda una labor de conceptuación de la aportación también teórica, pero en un plano múltiple y heterogéneo, de los intelectuales artesanos de Pasto. El núcleo, la mata, por así decir, de ese proceso, es el propio trabajo del artesano. Este trabajo es proteico, especial, pleno de posibilidades, sugestivo de otras posibilidades de vida, precisamente por cuando no cae completamente dentro de la esfera de la ley del valor.  El trabajo reducido a la ley del valor, es decir, el trabajo históricamente definido dentro del modo de producción capitalista, para ser tal, debe generar valor de uso y valor de cambio. Es decir, no vale por sí mismo en cuanto actividad, sino sólo como mediación en el proceso de producción de valor. Pero resulta que el trabajo colectivo artesanal no produce ni valor de uso (en el concepto capitalista muy limitado de lo que es “producción” y “uso”) ni produce valor de cambio. El taller del carnaval produce, por supuesto, un riquísimo valor simbólico, un riquísimo intercambio simbólico, el cual pasa desapercibido ante el concepto miserable de la ley capitalista del valor. Como dice nuestro autor, el trabajo aquí asume una categoría ontológica, ya no es simple mediación, sino que asume un modo de ser vital, existencial, en sí mismo, con valores intrínsecos que no se reducen a la ley capitalista del valor. Lo que se llama “producir” o “trabajar” ya no consiste meramente en un sujeto que manipula y transforma un objeto material, tal cual lo concibe el productivismo moderno-capitalista, sino en establecer relaciones entre actores múltiples, en intercambiar bienes y dones. Como dice el autor: Estamos aquí ante “una concepción de trabajo que no se subsume en la idea del rendimiento.” Lo que importa entonces es la experiencia vital misma que esta red de relaciones genera en una o varias colectividades.

Este núcleo teórico le permite al profesor Tobar, entonces, lanzarse a la exploración de las continuidades reveladas por la vasta experiencia artesanal, colectiva y social ligada a la “producción” del Carnaval, la cual se le revela, no como una acción unilateral del sujeto con la materia, sino como una red de intercambio entre numerosos actores, en la cual, incluso el cuerpo y su metabolismo en interacción con otros entes materiales, constituye también un intercambio de bienes y una relación entre actores heterogéneos, humanos y no humanos. La tendencia reguladora en todos estos intercambios parece ser la reciprocidad y lo que se ha llamado una “estética de la convivialidad”.

Así, equipado con esta perspectiva teórica múltiple, en la cual confluye la propia teoría que es el carnaval, con la praxis de los artesanos, incluyendo aquí a la variedad de actores que colaboran con los artesanos, y con el bagaje intelectual-teórico del autor, el estudio que nos brinda Javier Tobar, se despliega en la exploración de una serie de continuidades relacionadas con el evento del Carnaval:

Vida cotidiana – Carnaval. El Carnaval es un evento singular, puntual, ocurrente una vez al año, pero no se le puede separar de los aspectos de la vida cotidiana transcurridos el resto del año.

Taller artesanal – Epifanía del Carnaval. El proceso de confección de los elementos artesanales centrales al Carnaval es inseparable del espectáculo al cual estos elementos aportan. Son parte de la epifanía, de la revelación que allí ocurre.

Imaginario sociopolítico – celebración del Carnaval. Existe un imaginario político en constante relación con el proceso del carnaval.

Artes y oficios manuales – Imaginación y teoría: performance intelectual integral. Los saberes corporales y materiales son parte constitutiva del pensamiento y el imaginario que aporta el Carnaval.

A mi juicio, la primera parte, teórica, del libro, motiva de manera muy coherente y consistente, las preguntas que se abordan en el resto del volumen. En mi caso, y de acuerdo a mis inquietudes actuales, las preguntas que me motivó este libro desde su inicio son: Las actividades del carnaval, ¿constituyen una forma de producción (trabajo) regida por la ley del valor? ¿Pero estarían de todos modos indirectamente subsumidas por el capital? (Tal vez, en la medida en que formen o no parte del espectáculo integrado: publicidad, mercancía, es decir, la imagen como capital condensado.) ¿Se atisba, según esta perspectiva del Carnaval, un residuo o emergencia de modos de crear y vivir, es decir, de relaciones sociales, que desafían la ley del valor? ¿Se apunta a alguna manera de crear vasos de comunicación, continuidades, entre el carnaval y la vida cotidiana que sean propuestas, prospectos de cambio real, más que atisbos, vislumbres o esbozos tentativos? Es decir, no cuánto influye la vida cotidiana en el carnaval, sino cuánto el carnaval influye en la vida cotidiana.

Uno de los intelectuales-artesanos  con quienes dialoga el autor apunta a este problema o interrogante cuando concluye:

Los talleres de los artesanos de carnaval son lugares de encuentro. Es como una familia donde la gente viene, donde todos aportan. Hay mucho compañerismo. Es un tiempo y espacio mágico, efímero, inclusive, porque cuando se termina el carnaval no significa nada: entra la tristeza, se vuelve a la realidad, a lo cotidiano. Pero el taller es diferente porque aquí se sueña, se hacen cosas, molestas, ríes y parece que fuera para siempre. Pero llega un día que este sueño se corta y se vuelve a la realidad. Uno se siente como triste, pues vuelve a lo mismo, otra vez a la cama de uno, a ver noticias, novelas, a la rutina. Pero aquí no es rutina, es otro espacio, otro momento. Un espacio donde se está más lúcido y más cerca de uno mismo, de lo que uno es (Raúl Ordoñez 2008: entrevista).

Nos preguntamos: ¿Será siempre el tipo de vida enunciada en el carnaval una intuición efímera, que siempre queda atrás, tras el regreso a la rutina, al imperio de la ley del valor?

El propósito del libro, por supuesto, no es responder a dichas preguntas, sino dar cuenta de una de las maneras en que la sociedad contemporánea, en este caso, la sociedad de Pasto, les otorga concreción y urgencia mediante una obra colectiva deslumbrante, proteica y plena, digna no solo de ser contemplada, sino de ser vivida como prospecto de futuro.

 


Referencias

Tobar, Javier. La fiesta es una obligación. Artesanos intelectuales en la imaginación de mundos posibles.

 

Ver en nuestro catálogo el libro La fiesta es una obligación. Artesanos intelectuales en la imaginación de mundos posibles.