Universidad del Cauca

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Reconstruyendo el espejo. Ver a Colombia a través del cine

Por: 
María Teresa Pérez
Profesora del Departamento de Historia, Universidad del Cauca
mtperez@unicauca.edu.co

Libro reseñado: Cine colombiano: Estética, modernidad y cultura, del profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de Unicauca, Guillermo Pérez La Rotta

Es realmente grato hacer parte de quienes hoy estamos aquí para acompañar, después del parto y los cuidados iniciales,  la  presentación en público no de un bebé sino del libro Cine Colombiano: Estética, modernidad y cultura del  estimado colega Guillermo Pérez La Rotta  y tener, además,  la oportunidad de expresar  mis primeras impresiones, acerca de esta obra, a la que me acerco desde mis intereses por las memorias y relatos de la historia.

Quienes hemos estado próximos al trabajo de Guillermo, sabemos del lugar y significado que tiene este libro en el conjunto de su trayectoria como infatigable estudioso de la estética cinematográfica como expresión de la cultura. Nos presenta el autor, en esta ocasión, una obra madura y comprensiva,  con la que pretende quizá iniciar un balance o  rendición de cuentas, acerca de una inquietante y larga travesía por las narrativas cinematográficas, en este caso las colombianas, en la que, además del  filósofo vemos al artesano laborioso que  descubre y  devela, en los múltiples signos del lenguaje del cine (escenarios, ambientes, fotografías, sonoridades, personajes, entre otras) pistas y claves,  de nuestros mundos sociales y sus temporalidades no siempre avizorados y expresados tan vivamente, en los compendios letrados y numéricos, algunos de ellos muy serios y consistentes, con los que el saber  social ha dado cuenta de los procesos complejos de coexistencia que alberga el país.

Una muestra de 38  realizaciones cinematográficas en sus diferentes tiempos y géneros (muestras emblemáticas  del cine-mudo, el cine-sonoro en sus modalidades de cortometrajes, largometrajes, documentales, sobre temáticas centrales que han marcado de manera significativa la vida del país), constituyen el corpus de análisis que elige Guillermo para construir, él mismo, un  relato, en esta ocasión, un texto escrito de cerca de casi cuatrocientas páginas (en el que combina con maestría el recuento de los dramas,  sus interpretaciones).  El autor, informa acerca del carácter parcial de la muestra, cuya elección y agrupación además del poder narrativo de algunas películas y la caracterización de personajes, obedece además a  los ejes temáticos que estructuran el análisis y exposición del texto.

No se trata, en este estudio  de dar cuenta de un trabajo de inventario, (aunque igualmente necesario, existen ya algunas exploraciones) acerca del precario e inestable  itinerario del cine en el país. Sin desconocerlo, no es tampoco el propósito central, situarse en la esfera social de la industria del cine  y la formación de público del  llamado cine nacional.  Aunque a través de la ecuación estética, cultura y modernidad, interpela de manera significativa las manera como el lenguaje del cine ha creado e influido en las representaciones  que le dan significado y sentido a  mundos  diversos,  vistos más recurrentemente, desde el poder de enunciación de los funcionarios del orden moderno y las empresas de modernización.

Este libro contiene una pertinente economía de los enunciados  acerca de los marcos interpretativos, y  propone de manera clara, sus orientaciones teóricas y conceptuales y que fundamentan  el examen  de la producción cinematográfica realizada en Colombia.  En el cuerpo del texto y en sus referencias acude, cuando lo considera oportuno, al notable corpus  de  erudición, que sostiene su texto. Identificamos en éste los saludables horizontes  de una filosofía más cercana a la vida y sus mundos que ala unicidad y trascendencia de ideas y de grandes relatos.

Desde esta óptica, se hace más comprensible el enfoque denominado fenomenología hermenéutica, que al decir  del autor “nos enseña a sentir y pensar exhaustivamente con los textos” o es de suponer con la materia de estudio de que se trate, en este caso la serie de películas.  Tal  ejercicio reflexivo, enfatiza el autor, discurre a medio camino entre las figuraciones simbólicas propias de la realidad social y las acciones prácticas y comunicativas.  En este sentido, la interpretación delo fílmico se puede observar como una pretensión dialógica, entre  el intérprete  con el otro o los otros implicados, que puede sugerir o motivar la acción o la práctica política (p.12).

Bajo estas premisas epistemológicas y con el concurso de la  semiótica de la imagen y el lenguaje cinematográfico,  anuncia Guillermo su método de trabajo: el análisis intrínseco del texto fílmico, orientado por ideas como el reconocimiento, la intersubjetividad y los imaginarios sociales. Más que definiciones de estas ideas, el autor opta por abordarlas y si se quiere, procesarlas a la luz de los problemas abordados.  Encontramos mayor familiaridad  con el concepto de imaginarios sociales, en la historia este concepto alude a una  red de imágenes mentales o representaciones que fomentan idearios creencias políticas o religiosas. Pero también se han visto los imaginarios como construcciones relativas y transitorias de entender la realidad de producir y comunicar sentidos determinados y a la vez afectados por las interacciones sociales, y las intersubjetividades.  Tales construcciones no se pueden ver como mero reflejos de mitos y creencias colectivas. Visto de esta manera, el concepto de imaginario social constituye una de las orientaciones más fuertes con la que al autor penetra incisivamente en las texturas de las  películas y sus múltiples escenarios  y dramas, difícil de comprender desde los parámetros estructurantes con que el saber social más oficializado, sigue  nombrando  y construyendo la realidad social.

La muestra de películas se fracciona y se agrupa, tal ejercicio, como lo señala el autor, obedece en algunos casos a criterios muy evidentes como las narrativas acerca del conflicto armado y el fenómeno del narcotráfico, otras responden más a conexiones de sentido puestas a prueba por el autor para  proponer,  si se quiere  un viaje por el siglo XX, más cercano en este viaje a las representaciones históricas más relevantes.  El punto de arranque de este viaje, se encuentra en lo que se nombra como los imaginarios religiosos, con los que se aspira a develar el peso muy arraigado de la moral católica en la familia, el ejercicio del poder y la política en la sociedad colombiana, pero también las apropiaciones y confrontaciones que hacen algunos personajes en Bajo el cielo antioqueño, María Cano y Cóndores no entierran todos los días.  Un segundo momento, explorado a través de películas como Fragmentos, Confesión de Laura, Canaguaro y El río de las Tumbas, se denomina la cultura política asumida como  una dimensión notable en el contexto de las relaciones sociales y de poder: El caudillismo, el gamonalismo, el sujeto y la conciencia popular  y las confrontaciones afectivas que en los espacios familiares e íntimos pueden generar fenómenos como el bogotazo,  son algunas de las pistas que sintetizan las narraciones  fílmicas de mediados de siglo.

En los ejes denominados mundos provincianos y la literatura en el cine, el autor avizora ya las tensiones con el orden cronológico que se propuso en los dos primeros. Con el nombre de mundos provincianos que también  se podrían  señalar  como mundos plurales de la nación o quizá el país multicultural, el autor identifica los filmes sobre los pueblos y culturales ancestrales, tales como los imaginarios acerca de la moral católica en un pueblo indígena y las fabulaciones y mitos sobre el género y la mujer en las bodas de un acordeonista.  En ésta, lo mismo que en las narraciones basadas en la literatura, encontramos, el peso de los valores patriarcales, el machismo fundamentado en la virilidad y en los códigos del honor, muy visibles en los relatos de García  Márquez: Tiempo de morir y crónica de una muerte anunciada.  Observa también el autor el sentido erótico en La mansión de Araucaima y también mágico en Milagro en Roma, éste último  puede también leerse  como una reafirmación romántica de los imaginarios cristianos.

Posteriormente el análisis se centra en las narrativas acerca de los fenómenos cruciales del siglo XX, como el conflicto armado y el narcotráfico, en el primero se observa algunas líneas de continuidad con los procesos conflictivos esbozados en las narraciones referidas en la primera parte. Repara el autor la carencia de narraciones que permitan esbozar de una manera más sistemática, las continuidades, que desde el punto de vista de la narrativa del cine, se puedan identificar en el ámbito conflictivo del país.  En cuanto al eje sobre el narcotráfico se subraya en los relatos, el papel revelador de personajes en las tramas narrativas acerca del conflicto en la sociedad colombiana y el papel crítico que pueden cumplir los relatos para comprender la parcialmente la realidad. Se observa de manera particular la caracterización de escenas y personajes que dan cuenta de los sujetos de diferentes condiciones involucrados.

Los últimos ejes centran sus atención en las narrativas que hacen referencia a la urbanización del país, especialmente en la segunda mitad del siglo XX y algunas de su implicaciones en la configuración de procesos sociales, actores, tensiones y desequilibrios que mantienen algunas conexiones con fenómenos del narcotráfico  los grupos armados y algunas expresiones de los imaginarios religiosos, de manera particular la devoción a la virgen.

Un elemento calve en estos ejes tiene que ver con que la evolución del cine nacional corre parejo a las tensiones en los procesos de urbanización.  Un país rural que se desplaza progresivamente, y esos contextos y circunstancias  propician exploraciones que aportan de manera diversa y creativa, relatos de personajes y escenarios de la vida urbana. El último capítulo examina las narraciones centradas en el género del humor, en el mismo sentido se identifican narrativas grotescas, irónicas y utópicas frente a al mercado el consumo, la cultura política y las difíciles condiciones de existencias para un amplio número de gentes de la ciudad.

El trabajo minucioso y exhaustivo de cada fragmento, de cada escena que propone una pista, un síntoma de esa búsqueda en las voces, los rostros, los gestos, los ritmos, diálogos y  entornos múltiples, no riñe con los ejes e idea orientadoras de este estudio.  Tal postura propone un afianzamiento y afirmación de corrientes de la filosofía, que encuentran, en el cine y su pretensión de síntesis de las artes, una forma de aprehender y comprender mundos, en la que Guillermo como interprete parece también confrontarse ante unos imaginarios que han marcado su condición de sujeto masculino y ciudadano, de manera especial, el imperativo de la muerte, por la defensa de los códigos de honorabilidad y reconocimiento.    

Culmina este libro con unas notas  más globales y comprensivas en torno al lugar del cine, no solo como testimonio, sino como vehículo significativo de la cultura y la formación de imaginarios de país.  Propende el autor  por una cinematografía nacional que, no obstante las convenciones universales, busque los  códigos y lenguajes para explorar  nuestras proximidades, confrontadas recurrentemente con los fenómenos globales de uniformización que imponen los grandes imperios económicos; no se puede desconocer sin embargo, los procesos afirmativos regionales y locales que también muestra el cine como agente cultural,  en diferentes regiones del planeta.

En el caso colombiano, el autor propone finalmente una nueva agrupación de películas, en este caso, “aquellas que son ejemplos de la estética nacional que se construyeron narrativamente  tomando como referencia el propio mundo que narran para proponer relatos reveladores bajo ideas estéticas creadoras.  Dichas historias integran un modo de narrar, unos posibles significados de Colombia en su historia y drama  social, encuentra estas claves en películas como Bajo el cielo antioqueño, Confesiones a Laura, el Ángel subterráneo, Fragmentos, Milagro en Roma, la Estrategia del caracol, los Viajes del viento, Nuestra voz de memoria, tierra y futuro, entre otras.

Se afirma, finalmente que en las dos últimas décadas del siglo XX, bajo germinales políticas estatales se logra progresivamente una producción que propone diversas elaboraciones narrativas sobre nuestra sociedad y cultura, tales producciones han sido el objeto central de esta obra, en la que se propone  que el cine comienza a ser un universo imaginario de identidad, afirmación y conciencia social colombiana.

Si el cine puede verse como un dispositivo de identidad y de conciencia social, interesa preguntarse por su carácter pluridisciplinario de sus estudios y específicamente por su diálogo con las ciencias sociales, su historia por ejemplo supondría, además de juiciosas cronologías, con riesgo de omisiones y equivocaciones, un acercamiento socioeconómico, estético, (es decir de las formas, representaciones y lenguajes de mayor empatía con el público) y tecnológico.  De la misma manera, habría que pensarse en el lugar del  cine en las ciencias sociales, sus acercamientos son aún muy tímidos, la mayoría de los textos que abordan el cine como fuente histórica se limitan  a ilustrar un conocimiento previamente adquirido, incluso si se trata de mentalidades e imaginarios.  Ranciére subraya de otra parte, que considerar el cine como revelador de una sociedad lo disuelve como objeto de estudio, lo reduce a mera ilustración sociológica y estética de un discurso cultural producido por una determinada sociedad. 

Aproximarse al cine, desde sus dimensiones estéticas, desde su propio lenguaje y la fuerza de sus narrativas conectadas con el mundo que se pretende contar y expresar, es también un desafío que Guillermo nos propone, y que nos lleva a interrogarnos en estos tiempos de  relatividades, por el lugar de la narrativa cinematográfica  en las lógicas aun predominantes de los saberes y representaciones sociales.

Quiero compartir finalmente la idea de un historiador que ya no está, él  veía el pasado como la representación de la diferencia, la puesta en escena del otro, desde donde también se le da cabida al provenir, que podemos  visionar y quizá representar,  dadas las vecindades de la memoria y la imaginación.  Es posible entonces  que desde las imágenes  del cine, atisbemos  tanto fragmentos del  espejo de la  memoria como intuiciones y ensoñaciones de lo que no es, lo que no  está, pero que puede llegar a ser, lo que puede venir…

El libro es una referencia no solo para los estudiosos del cine sino para quienes desde múltiples campos y disciplinas intenten acercarse al problema de la representación y el lenguaje de la imagen. 

 

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