Universidad del Cauca

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Taussig, Michael (2014). La bella y la bestia: una relación aún por entender

Por: 
Gilma Ríos Peñaloza
Profesora del Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales (Universidad del Cauca).
grios@unicauca.edu.co

La belleza en sus múltiples manifestaciones ha sido tanto tema de reflexión como objeto de contemplación en la historia de las sociedades desde la antigüedad hasta nuestros días: “¿pero ha sido siempre tan torturada y cruel como hoy?” El libro del antropólogo profesor de la Universidad de Columbia, Michael Taussig, editado por la Universidad del Cauca, se refiere precisamente a este tema, pero en su reflexión la belleza está asociada a la violencia como un binomio, muchas veces inseparable con todo lo que ello puede tener de tragedia.

Se pregunta el autor si “¿no hemos pasado por alto la influencia más amplia e importante de la belleza en la formación y la dinamización de la sociedad y de la historia, la belleza no como forma sino como fuerza? Y, del mismo modo, ¿no hemos ignorado no sólo la conformación estética de la vida cotidiana sino, también la conformación estética del terror?”. Puede la belleza ser considerada “¿… tan infraestructura como son las carreteras y los puentes, la narración y la Internet, la lluvia y el calentamiento global?”. Estas preguntas están presentes a lo largo del texto y a ellas intenta dar respuesta el autor en las diferentes reflexiones que del binomio belleza/fealdad, o quizás terror, hace en su escrito valiéndose no solamente de la observación etnográfica y las contradictorias memorias de los hombres y mujeres con los que habla, sino investigando en los archivos de prensa, utilizando la crítica literaria y su propia historia.

En su libro Taussig nos brinda una mirada en la que la belleza no se contempla o se reflexiona solamente en los cuerpos humanos sino que abarca el mundo, el cosmos. El autor se vale de la “cirugía cósmica” como metáfora, porque cambia la manera de estar en el cosmos, para introducirnos tanto en el mundo de los cuerpos transformados, mutilados y muchas veces destruidos por la cirugía estética; como en el mundo de la naturaleza cuyo paisaje ha sido transformado, deteriorado y tantas veces aniquilado por el avance incontenible de la agricultura mecanizada que acabó no sólo con la pequeña propiedad, los bosques y la belleza del paisaje que ésta mantenía, sino que menguó el trabajo del campesino, lo arrojó al trabajo asalariado para después arrebatarle hasta esta posibilidad.

La “cirugía cósmica” es precisamente esa intervención de la mano del hombre, ese corte en la “naturaleza” que en la búsqueda de una pretendida belleza (progreso) transforma el mundo. Es la “dominación de la naturaleza” y la “dominación quirúrgica del cuerpo de la mujer”, —anota el autor— y de los hombres —agrego yo—; pues no se puede desconocer que éstos cada día se someten más a ella; pero es también una cirugía en el cuerpo del Estado-nación, una alegoría de “una realidad mayor y más densa que dice que durante mucho tiempo el Estado ha existido como un ejercicio de cambio de imagen extremo”. Así, la belleza es el pretexto utilizado por Taussig para reflexionar sobre los cambios que durante las últimas décadas ha sufrido Colombia, un país donde la cirugía cosmética existe como un arte que incluye mutilación y entrelaza belleza/violencia, sus cavilaciones se concretan en la coexistencia de glamour y terror que para él son mucho más que coexistencia: son sinergia.

A pesar de que la reflexión se refiere fundamentalmente a la región comprendida desde el eje cafetero —con Pereira como centro—, hasta las plantaciones cañeras del Valle del Cauca —con Cali como su principal centro urbano—, sus constantes alusiones y comparaciones con otras regiones del país y del mundo lo convierten en un texto que puede ser leído con una visión mucho más amplia pues su telón de fondo lo constituye el consumo como el eje fundamental del desarrollo capitalista después de la segunda Guerra Mundial, que marca un cambio en la historia del ahorro al gasto, cuando “gastar (es decir consumir) se convirtió en algo maravillosamente bueno y ennoblecedor”.

Cirugía cósmica, identidad, violencia, estado

Con la obsesión por la belleza en la sociedad actual, ¿quién de nosotros, en algún momento de su existencia, no se ve a sí mismo como imperfecto? Pero ¿qué es la belleza corporal actualmente? Ciertamente este concepto ha ido transformándose y, desde que una parte de la medicina dio el viraje pasando de tratar la enfermedad corporal a tratar la apariencia corporal y la cirugía cosmética llegó a posicionarse como un artículo más brindado al consumo, la brecha entre lo que somos y lo que queremos ser cada día es mayor. Pasamos de las fábricas y los automóviles como el mayor símbolo de prosperidad a las prendas de marca, la ropa de diseñador y por qué no decirlo también: las sonrisas y los cuerpos diseñados al antojo de sus poseedores. Porque no importa “qué tan material sea la apariencia, es la apariencia lo que importa” y como lo plantea Taussig “en algún sentido fundamental nos hemos convertido en nada más que imagen”.

La “cirugía cósmica” que transforma el rostro y trata de mantener el cuerpo en una primavera continua quizás pueda justificarse mediante un razonamiento radical: cambiar el exterior para crear un nuevo interior. En este sentido, la manipulación de la apariencia no aspira a ser, simplemente un cambio corporal sino la promesa de que con dicho cambio vendrá el cambio de vida, en palabras del autor no es simplemente “un estiramiento de la cara sino un estiramiento del alma”. Y, para muchos otros ligados a los bajos mundos del tráfico de drogas o del paramilitarismo, es la promesa de un cambio de identidad que quizás les reporte poder evitar el asedio de las autoridades y burlar la justicia. Porque “cambiar la propia identidad a través de la cirugía cósmica o a través de un nuevo nombre o un apodo equivale a morir y renacer” con todas la implicaciones sociales y políticas que esto conlleva.

La metáfora de la “cirugía cósmica” y el consumo se unen en el escrito de Taussig para mostrarnos cómo entre los extravagantes caprichos de El Mexicano, la lucha contra el acné que llevó a Jacobo Arenas a hacer cargar cajas de pomada a través de la selva, los senos de silicona y la ropa interior de marca de las novias de los comandantes guerrilleros, el cambio de rostro de alias “Chupeta”, el diseño de sonrisa de Salvatore Mancuso o el borramiento de las huellas digitales del paramilitar Pedro Julio Rueda, lo que se encuentra es la tensión permanente entre la belleza y la violencia, la muerte, el terror; es la tendencia mediante la cual el propio Estado se somete permanentemente a un “cambio extremo” donde su rostro es continuamente intervenido para esconder el otro rostro, el del control que ejercen los paramilitares y mafiosos en el ejercicio de la política desde los niveles más bajos de los concejos y alcaldías hasta los niveles más altos del Congreso y la justicia pasando por las asambleas y gobernaciones.

El autor indagó por los procedimientos estéticos en varias ciudades del Valle y Risaralda, se encontró no sólo con las cirugías sino también con largas extensiones de pelo cocidas a las cabezas de las mujeres, con relatos sobre procedimientos estéticos realizados por charlatanes en “clínicas” de garaje y con los infortunios de las cirugías y procedimientos que llevaron a las víctimas al infierno cuando esperaban encontrar el paraíso, pero infortunadamente no encontramos la voz de las víctimas, sus desgracias le llegan al autor por los comentarios de terceros.

Popayán, abril de 2015.


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