Universidad del Cauca

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Reseña del docente Eduardo Restrepo sobre el libro Sin garantías

Por: 
Eduardo Restrepo.
Docente de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.
eduardoa.restrepo@gmail.com

Compuesto por 26 textos, muchos de ellos por vez primera traducidos al castellano, este libro constituye una sustantiva contribución a la visibilización en los países de habla hispana del trabajo de Stuart Hall, uno de los grandes intelectuales de nuestro tiempo. Algunos de sus textos más inspiradores, referidos a una serie de problemáticas nodales de la teoría social y de la práctica política, han sido cuidadosamente reunidos en este libro para que sirvan de entrada a la densidad y pertinencia de sus aportes. Nacido en Jamaica en 1932 y fallecido en Londres el 10 de febrero de 2014, Hall fue la figura fundante más destacada de los estudios culturales y uno de los referentes de la Nueva Izquierda en Gran Bretaña. Durante más de cinco décadas, escribió un gran número de textos, muchos de ellos en coautoría con colegas en el marco de su apuesta por el trabajo colectivo y colaborativo.

Esta segunda edición se diferencia de la primera en que se ha agregado un prefacio de Lawrance Grossberg, uno de los colegas más cercanos a Hall y de las figuras más visibles en el campo de los estudios culturales en los Estados Unidos. Uno de los textos fue el obituario que Grossberg escribió a propósito de la muerte de Hall. El otro, un artículo en el que refería a los rasgos más destacados del pensamiento y de la práctica de Hall. Además de una revisión y corrección de errores tipográficos que se habían pasado en la primera edición y de diagramar nuevamente el libro, en esta edición se incluye un índice analítico al final del libro que facilita las búsquedas y lecturas transversales de los diferentes textos que componen el libro.

En este libro se reúnen textos suyos en torno a cinco problemáticas centrales. La primera, referida a los estudios culturales, está compuesta de tres capítulos. En el primero de ellos, “El surgimiento de los estudios culturales y la crisis en las humanidades”, publicado por vez primera en 1990, Hall hace una retrospectiva de la historia de los estudios culturales en Gran Bretaña, de sus principales referentes y características, dándole un importante lugar al Centro de Estudios Culturales Contemporáneos en Birmingham. El siguiente texto, “Estudios culturales: dos paradigmas”, publicado en 1980, nos adentra en una elaboración teórica sobre el lugar ocupado por los estudios culturales en relación con el paradigma humanista en donde se resaltan Williams y Thomson y el paradigma estructuralista asociado a las discusiones con Althusser. Finalmente, este primer aparte se cierra con una famosa conferencia de Hall a lo que puede considerarse el congreso fundacional de los estudios culturales en Estados Unidos a comienzos de los años noventa. Titulada “Los estudios culturales y sus legados teóricos”, en esta conferencia Hall hace un balance de los principales rasgos que definen el proyecto intelectual y político de los estudios culturales ante su entonces creciente institucionalización en los Estados Unidos, donde han primado posiciones textualistas y despolitizadas.

En la segunda parte, se reúnen seis capítulos que abordan aspectos centrales de sus contribuciones a la teoría social. Hall, operando desde una problemática marxista, despliega una crítica implacable a los reduccionismos derivados del economicismo derivado de la Segunda Internacional así como de los reduccionismos discursivistas. Su posición, entendible como un pensamiento sin garantías, es un cuestionamiento a las certezas y clausuras derivadas de cualquier tipo de reduccionismo. La noción de articulación, central a la argumentación de Hall, es elaborada con cierto detenimiento en el primero de los capítulos que componen esta parte del libro: “Sobre postmodernismo y articulación”. Resultado de un par de entrevistas cuidadosamente editadas y publicadas por vez primera a mediados de los años ochenta, en este texto también se evidencia la crítica de Hall al postmodernismo  y algunas de sus figuras más visibles al tiempo que se reivindica como un postmarxista, ya que continua operando desde una problemática marxista sin haber nunca caído en las clausuras de la ortodoxia reduccionista de ciertos marxismos. El siguiente capítulo, “Notas de Marx sobre el método: una ‘lectura’ de la Introducción de 1857”, es el texto más temprano de Hall que se publica en este libro. Aparecido como uno de los Working Papers del Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de Birmigham, este texto de 1973 es un exhaustivo examen de los planteamientos de Marx en esta ahora famosa introducción (que permaneció inédita hasta la primera mitad del siglo XX, cuando junto con los Gundrisse y los Manuscritos económico-filosóficos ofrecen una serie de matices y densidades de su pensamiento que habían sido pasados por alto en las ortodoxias marxistas). La noción de totalidad diferenciada, es decir, de una unidad-en-diferencia, que Hall subraya en el análisis de Marx es central para un encuadre metodológico que se mueve en el registro de la historicidad radical y en el plano de lo concreto. Los siguientes cuatro capítulos, tres de ellos de la primera mitad de los ochenta y uno de finales de los setenta, Hall discute el concepto de ideología desde una perspectiva materialista de la cultura y en relación con sus operaciones en los medios. En el marco de esta discusión, Hall sugiere una teoría que asuma una determinación no determinista y que no desconozca la contingencia como condición de posibilidad de la agencia, la historia y la política. De estos capítulos, el de “Significación, representación, ideología: Althusser y los debates post-estructuralistas”, es el más conocido y citado.

Raza y etnicidad es el tema aglutinante de la siguiente parte, compuesto de cinco capítulos. Aunque se pueden encontrar textos muy tempranos de Hall donde se evidencia su preocupación por la raza como consecuencia de sus marcaciones raciales como migrante caribeño (como por ejemplo su artículo “Pluralismo, raza y clase en la sociedad caribe”), estos capítulos aparecen publicados en los años ochenta. El capítulo que abre esta tercera parte, titulado “La importancia de Gramsci para el estudio de la raza y la etnicidad”, inicialmente escrito por Hall como un informe solicitado por la UNESCO, evidencia lo inspirador que fue para Hall la lectura de Gramsci, no solo para sus análisis del Thatcherismo sino también para pensar asuntos como la raza y la etnicidad. Luego de una exposición detallada de lo que constituye el encuadre conceptual y analítico gramsciano, Hall subraya ocho puntos en los cuales encuentra una particular relevancia para el estudio de la etnicidad/raza. Por su parte los dos capítulos siguientes abordan la raza y la racialización de lo negro en relación con la cultura popular y los medios, respectivamente. “¿Qué es lo ‘negro’ en la cultura popular negra?” resalta la relevancia de pensar relacionalmente lo popular, no como una esencia. No obstante, reconoce que la apelación a la cultura popular negra ha implicado en ciertos momentos una esencialización amerita ser complejizado.  En el texto “Los blancos de sus ojos: ideologías racistas y medios de comunicación”, Hall sugiere la distinción entre racismo manifiesto y racismo inferencial para explicar cómo los medios articulan las ideologías raciales. En los dos capítulos finales de esta parte, “Nuevas etnicidades” y “Antiguas y nuevas identidades, antiguas y nuevas etnicidades”, se refieren a las distinciones entre unas etnicidades e identidades que reproducen fronteras fijas de la desigualdad y las más recientes etnicidades e identidades que subvierten estas estabilizaciones en aras de potenciar novedosas movilizaciones sociales y políticas.

La parte cuarta, compuesta por seis capítulos, se centra en la identidad y la representación. Los primeros cuatro textos exploran la identidad en clave de diferencia y de diáspora, así como en relación con la emergencia y disputa del sujeto. Lo que alguna vez Hall denominó su “prisma caribeño” evidencia sus improntas no solo temáticas, al referirse al Caribe, sino también conceptuales como en la noción de diáspora. Para Hall diáspora no significa una esencialidad trasnshistórica que se reproduce idénticamente en su puridad a través del tiempo, sino una imaginada comunalidad de origen y de experiencia histórica en múltiples conversaciones y posicionamientos en el presente. Por su parte, la identidad, nos plantea Hall, debe ser puesta bajo tachadura, interrumpirla en sus apresurados cerramientos y estabilizaciones, hay que pensarla como identidad y diferencia, punto de sutura inestable entre posiciones de sujeto y procesos de subjetivación. Los dos últimos capítulos de este aparte, “El espectáculo del ‘Otro’” y “El trabajo de la representación”, fueron escritos para un libro colectivo editado por Hall en1997 para la Open University, titulado Representación: representaciones culturales y prácticas significantes. En ambos textos, que aparecen en este libro dirigido a la educación de adultos, Hall presenta de una manera muy pedagógica las trayectorias y debates del concepto en la teoría social para llegar a proponer que se lo entienda en su dimensión constitutiva del mundo y, por tanto, en la reproducción y disputa de la vida social. Sobre todo en el primero, Hall enfatiza las conexiones entre el pensamiento racial y las prácticas de estereotipación.   

La parte cinco, que cierra el libro, contiene seis capítulos que cubren algunas de las publicaciones más tardías de Hall donde su atención se dirige a  asuntos como el multicultualismo, la globalización o la teoría postcolonial. En los dos primeros capítulos se caracteriza lo que constituirían las particularidades, continuidades y rupturas, de la experiencia histórica del presente en términos de “nuevos tiempos” o de la “globalización”. Hall es abiertamente crítico de las interpretaciones celebracionistas de estos procesos que buscan naturalizarse desde cierta amanecía histórica. “El Estado en cuestión” es un capítulo, también escrito para un libro de texto de la Open University, en el que Hall hace un recorrido sobre el surgimiento y principales conceptualizaciones del estado, para terminar proponiendo algunas de sus propias elaboraciones sobre este desde su lectura gramsciana. En el siguiente capítulo, “Cultura, comunidad, nación” Hall se refiere a Raymond Williams tanto en sus influencias y afinidades como en el lugar compartido desde las dislocaciones y las márgenes frente a la cultura dominante inglesa. Este posicionamiento se hace relevante para pensar las transformaciones de las formaciones y emergencias nacionales en la fase actual de la globalización. Por su parte, el capítulo titulado “¿Cuándo fue lo ‘postcolonial’?: pensando en el límite”, parte de clarificar el sentido de lo postcolonial en la teoría postcolonial para luego abordar algunas de las críticas más visibles que se han realizado a los estudios postcoloniales. Finalmente, en “La cuestión multicultural”, Hall diferencia entre multiculturalidad (como un hecho histórico de la heterogeneidad cultural existente en una formación social) y multiculturalismos (como las políticas y medidas que en un momento dado se toman frente a esta heterogeneidad efectiva e imaginada). La multiculturalidad deviene en una cuestión en tanto nos problematiza social y políticamente.


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