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Tierradentro. Montañas de la gran cordillera central en el departamento del Cauca. Montañas donde nacieron los más grandes cacicazgos del pueblo Nasa, como Juan Tama y Mandiguagua, ambos de la unión espiritual de Ã’ (Las estrellas) e Î’kh (La laguna). Montañas que acogen la memoria histórica y la ancestralidad. En sus faldas de verde y azul albergan el origen, la pervivencia y el legado. Entre esas grandes e imponentes hijas de la tierra, cada una con su propio nombre en lengua que solo los mayores y mayoras recuerdan, estaba Ángel María Yoino Musse, hijo de Paulina Musse y Antonio Yoino Pete.
Ángel María, indígena Nasa, fue recibido desde el vientre de su madre en el territorio de Çxhab Wala (Vitoncó), la cuna del Pueblo Nasa. Un territorio legitimado ancestralmente por el Sa’t Tama (Cacique Juan Tama). Así como Juan Tama de la Estrella, nacido en la quebrada de Path Yu’ (Pátalo), ubicada en la vereda El Cabuyo, del Resguardo de Vitoncó, Ángel María también se crió en esas tierras llenas de memorias, de huellas y legados de uno de los más importantes caciques.
Pudo haber sido eso lo que lo llevó a los incansables caminos para seguir el legado de este Sa’t (Cacique) o simplemente su don de liderazgo y sabiduría innata. En todo caso, la naturaleza y los espíritus lo llevaron a recorrer territorios donde su lucha y aporte siguen presentes, dejando huellas y memorias dentro del movimiento indígena, así como en las personas que lo conocieron a lo largo y ancho de los territorios afiliados al Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).
Ojos oscuros, piel trigueña. Parecía estar siempre enojado, pero solo era de carácter fuerte. Hablaba duro, acentuando siempre las palabras; por eso, parecía que regañaba. En los últimos años, cuando aún se le veía por los caminos de la comunidad, los niños le tenían miedo, por lo que lo veían desde lejos mientras caminaba. Los años habían hecho lo suyo, ya no caminaba sino con la ayuda de un palo que usaba como bastón. Aquel viejito, que siempre llevaba una gorra de lana y que los niños temían, había dejado un gran legado.
El 26 de enero de 2016, ‘El abuelo’ como le decimos desde la lengua, trascendió al plano espiritual desde el espacio terrenal. Desde donde hoy nos acompaña como Wejxa (viento). Ese día la noticia llegó en la madrugada. Toda la comunidad se dio cuenta, recibiendo llamadas, pasando la voz entre vecinos o simplemente porque desde el parlante de la casa del cabildo se había informado. La noticia era precisa: “Talul Ángela’ skheûku”, ‘El abuelo’ había trascendido.
Desde lo alto del parlante se convocaba a una minga para aportar con lo que se pudiera para la siembra y el velorio. Se llevaba leña, remesa, revuelto o simplemente se iba a ayudar en la cocina en cualquier cosa que se pudiera. Siempre ha sido así, en las comunidades se tiene la costumbre de ayudar en momentos como ese. Nunca falta el sentido de solidaridad y unidad, aún más con tanta gente que llegaba para acompañar el entierro.
—Aça txāa pa’kakutx txā’wen eente, peda eente, wala nasa pa’jkhutx, unxkiwejuwe’sx, ay norteji’tx txājuwe’sxpa, ki vxite ajsupa, napa jxthakwe wala nasa nuypa’jsa txāaku’txnxu, mde mdepa ū’phnu’jusanenxu’ aç wala jiyunxisaku’knxu, īdx kahkawe’sx txē’jiçmeekutx kiwe isa, «eso» jina. Txā’k lula Teresa Andela katxude’je, wala jiika, kijx kwentunxjitx, txāa pa’ka talul Ángel fxi’zenxi’spa ya’papenxi’kh, aça na’k jwee kwentuju’. Talul Ángel a´ wala çxakwesameku’knxu, wala junasa, napa txājx nxu’nxtxpenxinxu txa’ka, yaçkathē’we’sx ma’ta junanxu, txāwēyçxa, isa ya’çkathē’wesx ūusyaatxnxijuyku’k thutheje.
(Traducción del párrafo anterior)—Por eso llegó tanta gente el día de la siembra. Cuando lo iban a enterrar llegó gente de Tierradentro, del norte, López Adentro, y de muchos territorios. Había recorrido mucho. “Patiperro. Así era”, dice la Mayora Teresa Andela, historiadora de la comunidad. Está sentada al lado del fogón, tejiendo una jigra de cabuya. La cocina, hecha de madera y piso de tierra, da una sensación de calidez.
—Era huérfano de madre, cuando era muy pequeño ella murió, pero igual, era muy inteligente desde pequeño, criado por su abuela.
—Setx a’kafx ji’phte Silviateku’tx wātahjxya u’j, lxinu we’weya piyakan, txaansaku’k silviate pahz a’kafxna u’pnxu, kijxnupa dukhmee, ni vxiu ni kijxnxupame, jiçxane kseba a’kafx ji’pçxa kase’j, txajū mjīinxa piyaya’nhena naa dxi’jthu ywe’ ji’kuk, jxsu knayna luuçxçxa, Calaguala Kokonuko ja’dasu, maantey a’ musxka kutx mutxiçxatx puuçu ji’kuk, naa kijxnxupa ji’me, ni ka’ka, ūus, ne’gapa akhnxime, i’ne patxnxiçxha, me’ jina ūsu’tx ji’kuk. Txtee a’kafxne u’pu jina naa ayu Corintojune tuphinaywe’, jiçxak knayna u’ju, jxsu mjīina u’juçxak piçtatxnakā’j. -Txa’k ptha’sxi talul Ángel dxi’kha’ Raúl Yoino.
En la inmensidad de los cultivos de caña en el Norte del Cauca, en un sector llamado Ucrania, el Mayor Ángel, entre sus 16 y 18, años conoció lo que era luchar por el pueblo, al haber sufrido en carne propia la tortura e injusticia de los grandes terratenientes hacia los jornaleros. En la década de los 60 se unió al sindicato. — Empezó a defender a las personas; los maltrataban por todo: si se enfermaban, si descansaban, si no rendían en el trabajo, cualquier cosa, ahí mismo les daban — dice Raúl Yoino, recordando lo que su propio padre alguna vez le contó.
En una lucha conjunta con campesinos, indígenas y afrodescendientes, fue allí donde, en concordancia con la temporalidad de los hechos, conoció a Gustavo Mejía, líder campesino que apoyó las primeras luchas campesinas con integrantes del Frente Social Agrario y que fue promotor de las primeras asambleas del CRIC. También allí se relacionó con otros dirigentes del movimiento indígena. El rojo de la sangre derramada de aquellas luchas y el verde de la madre tierra fueron posteriormente los colores representativos del CRIC en 1971, una organización forjada a punta de luchas sociales, en la que Ángel María, desde su manera de concebir el mundo, brindó su apoyo.
— Aunque aún no lo conocía, en ese tiempo empecé a distinguirlo. Fue en 1970, cuando el CRIC apenas comenzaba su proceso de trabajo, abriendo caminos y viajando a los territorios para dar a conocer su labor. Conocido fue ya en 1971, a través del censo indígena hecho por el CRIC. En ese tiempo yo aún era un estudiante de colegio —explica Abelardo Ramos, distinguido dinamizador de la Universidad Autónoma Indígena e Intercultural (UAIIN ), quien compartió y aprendió del Mayor.
—Pkhakhemeyçxaapa dxi’pnxu jiyunxisaya’khuknxu, nakaçxa ādxa’ Çxiikiwete piyasaiiku’thnxu, khitenxu CRICtewe’sx pa’jçxha Çxii kiwete se’jkutx, txāate uunsa Ángel a’ CRICtewe’sxyak se’jkuk, ūnsa Juan Gregorio Palechorwe’sx, Trino Moralespa u’june txa’ pekujun u’june, txā’wensuy Benjamín Dindicuepa u’juya’nenxu’çe. Txāju txāa jxthuth atnxine txā’we txā’ ytuthevxitnakahn ji’thawçe, nasatx dwe’wena, txāa pa’kane’da jiyuyapu’tx thē’sana’we.
—Mi papá se tuvo que cambiar hasta el nombre; por estar en medio de tanta cosa, lo mandaron a matar y se salvó porque se cambió el nombre. A mí me decían: “Su papá ni siquiera se hacía llamar Ángel”, y yo les decía que entonces cómo se hacía llamar. Me respondían que dizque Manuel — cuenta Raúl Yoino, hijo de Ángel María, mientras se le sale una carcajada. Podría decirse que minimiza el hecho, pero es todo lo contrario: recuerda a su padre de la mejor manera, reconociendo su lucha y recordando sus acciones extremas, todo por un bien mayor.
Miguel Secue, líder del Norte del Cauca, desde las planicies del Resguardo de López Adentro, en medio de sus recuerdos más preciados de la lucha tanto del movimiento indígena como de las luchas territoriales de ese sector , recuerda al Mayor Ángel:
—Hace unos años, creo que fue en el 1975 o 1978, él trabajó con el CRIC como médico tradicional y participó como algo del comité ejecutivo—. Adelantándose a otro de los hechos importantes del Mayor, pues en medio del recorrer territorios, obtuvo reconocimiento de las comunidades.
Las primeras liberaciones de la madre tierra, como explica Miguel Secue, eran para recuperar territorios que ancestralmente pertenecían a los resguardos indígenas, tierras que pasaron a manos de terratenientes adinerados. Fue ahí, en medio de esas luchas en López Adentro que conoció al Mayor Ángel María.
—Fui muy amigo con él. Yo hice mucha amistad con él, como en el año de 1980 en López, con los compañeros de Guabito, que fueron los primeros en la recuperación. En ese tiempo ya se oían los comentarios de la liberación. Recuerda el Mayor Miguel Secue.
Cuando el CRIC llevaba a cabo su Sexto Congreso en Toribío, Cauca, entre el 30 de marzo y el 4 de abril de 1981, el Mayor Ángel fue elegido como segundo vicepresidente del comité ejecutivo de la organización, reconociendo así su trabajo y acompañamiento al proceso.
— Linderotx thēgna, ki’jxtxipatx jxuuka thēgna, ki’jxtxipatx jxuka na’ linderote u’jçxathaw jiyu’, jxuka pa’ja, açyu’ txāa’ vxitumeenze’, txāanxu vxitumen, txāa linderoyu’, luuçx na’wesatx pe’jçxha u’jçxha, na aysuta jina, aysuta aysuta, txāatx dvxijçxha u’jthe, vxitumena, txā’wē peejxa. – Aça thē’sa Ángel a’ wala newe’wesanxu’kuk, maiinewe’wenxisa naata, kiwe jiyunxiju ūusyaatxçxha, naatx peçxkanamee u’junxisata, kiwe’s dwe’weya ewuya, kiwe’s phuphna, kiwe’s thēgna, fxize’jna, kwe’sx fxi’zenxijuy.
—Entre el periodo de 1986 y 1987, fue gobernador del resguardo de López Adentro. Dentro de su ejercicio como autoridad, motivaba a la unidad y solidaridad e invitó a mucha gente que no tenía tierra para trabajar al resguardo. Llevó gente de Tierradentro, de Corinto, de Miranda, de Toribío, entre otros. También llevó a cabo la recuperación de las tierras de Vista Hermosa, y en el 91, el cabildo se posesionó como resguardo; aporte que hasta hoy reconocen sus comuneros —cuenta el mayor Miguel Secue.
—Parecía regañar a las personas, pero no era así, solo las aconsejaba. Era el“nxu´txhpehnxi”. Ayudó a crear la primera escuelita acá en López, “Ëeka Thë`” así le puso. Veía la necesidad de que fuera una estrategia para fortalecer la lengua y la educación propia. Además de esa escuela, hay otra que está unida a ésta, pero en otro sitio. Le puso el nombre de “Dxi´j Phaden”—dice Benilda Trochez, dinamizadora del resguardo de López, y quien conoció al mayor desde los procesos de educación propia de la organización. Benilda explica que los dos nombres unidos son una frase:“Ëeka Thë´ Dxi´j Phaden” (Abriendo el camino del trueno).
“Escuela de mi pueblo”, así se llama una de las canciones más reconocidas del autor Fanor Secue, artista que halló inspiración en el proceso y los recuerdos de la escuelita a la que asistía de niño. Esa escuela precisamente era Ëeka Thë´, una de las primeras escuelas comunitarias y bilingües que se estaban creando en los territorios del Cauca. Estas escuelas estaban encaminadas a fortalecer la cultura, el idioma y los procesos políticos, justo lo que el mayor Ángel siempre había querido.
En todos los territorios, hoy resuena el sonido de unas quenas y un tambor al son de la letra:
Casita de mis días más bonitos
escuela de mi pueblo luchador
dónde aprendí a querer mi propia historia
historia de mis viejos y el dolor
recuperando nuestro idioma
nuestro sentir
nuestras costumbres
nuestra tierra y libertad…
‘El abuelo’ no pudo escucharla antes de trascender, o si lo hizo, nunca supo que uno de los niños de aquella escuelita crecería para componerla. Al final dejó una huella que trascendió incluso en la música.
Desde las tierras frías de Coconuco (Cauca), en medio de una lucha por recuperar el territorio, el Mayor Ángel tuvo que enfrentarse con gran firmeza contra Monseñor Arce Vivas, destacado religioso que vivía en Popayán, este, ejercía su representación de la iglesia en las zonas aledañas a la capital del Cauca, quien se negaba a entregar las tierras a los indígenas.
—Contaban que cuando estuvo en las recuperaciones de Coconuco, era la media noche y nada que llegaban a un acuerdo; Monseñor no les quería entregar las tierras. Ahí fue que retomó los mismos versículos bíblicos para confrontarlo —dice la Mayora Teresa.
—Era medianoche. Aguantando frío ahí sentados solo les brillaban los ojos. Entonces el Mayor Ángel pidió el micrófono. Dicen que habló duro, cansado de tanto egoísmo: “Dios predicaba que los ricos como ya no tenían necesidades por tener dinero debían ayudar a los pobres, a los más necesitados. ¿Cómo un Monseñor que predica la palabra de Dios hace lo contrario a lo que se debe de hacer?”.
Y sí, les devolvieron las tierras esa misma noche después que el Mayor habló.
—Ayte isa txā’wēte na’ kuspxiājpkhaçx na’wē kaçxçxaçxaa wuantayna u’putkawkx, kwe’sxa txançsay musxka txā’wēnxuj nxuuna jinatx we’we napa açxha txteynxujnxuuçta, txāa pa’ka kijxnxuutxpa isa’ wēsejwasamjeea’, na’wēknxuuna pa’ja açxha kiwetx knaynaii, nançkwe a’kafx puyiitepa kijxnxupa knaynxime açxa na’wē ekaj kutxi’hjxa jinxi ūusthaw aça i’kwesxtxi ewpana jinak we’we ji’kuk.
Así mismo, en Tierradentro, dentro del resguardo de Huila, en las tierras que estaban bajo el control de la Iglesia, junto a Benjamín Dindicue, arriesgó su vida, logrando que el Monseñor Vallejo devolviera las tierras a los compañeros de Kwë Dxi’j. Al ver que Ángel María continuaba su organización, la curia de Tierradentro continuó atacándolo; fue tanta la persecución política que el párroco Juan Murcia se negó a bautizar a sus hijos.
Contaban los mayores el día en que se reunieron para recordar la vida del mayor en su siembra, Ángel María, para burlarse de la actitud arrogante del cura, planeó ponerle el nombre del CRIC a su hija. Para sorpresa de Ángel María, el padre ni se dio cuenta que estaba bautizando al Consejo Regional Indígena del Cauca, al registrar en sus libros parroquiales el nombre de CRICELINA YOINO.
Después de la avalancha del 6 de junio de 1994, cuando la madre tierra y el Nevado del Huila hablaron mediante su manifestación natural, Ángel María apoyó la reubicación del resguardo de Vitoncó en el actual territorio de Santa Leticia, Cauca. Hizo parte del cabildo de Juan Tama como Comisario Mayor, orientando a la comunidad con mayor razón a fortalecer la Educación Propia.
De las recomendaciones y lo que recuerda Andrés Perdomo, comunero del Resguardo de Vitoncó de la vereda del Cabuyo, es haber escuchado que cuando pasó lo de la avalancha del río Páez, se reunieron varios mayores, incluyéndolo a él, y se sentaron a mambear. En la sentada tuvieron una visión en donde les mostraron que la tragedia había sucedido por culpa de las mismas personas, debido desorden y su desarmonía; pues ya no estaban respetando las normas naturales, no practicaban ni cumplían la ley de origen, por eso él recomendaba tanto la parte espiritual, que no podían perderla.
Llegó el año de 1997, y con él, un reconocimiento para los líderes y lideresas del Cauca. Los conocimientos ancestrales superaron al conocimiento académico cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) les otorgó a 36 Nasas, entre hombres y mujeres, el título de maestros en sabiduría por contribuir a la preservación de su cultura. Ahí estaba nuevamente el Mayor Ángel María Yoino, un maestro en sabiduría, sabiduría que se dio a partir de recorrer los territorios y aprender de ellos.
—Txāa thē’sa Ángel Maríayu’ nasatx seenanxuj çxhaçxha we’wekuk thēsanxuune’nxuna dxi’j txikna ew dxi’j txikna, wakasyuwete txā’kuk eena we’we, kwe’sx yuwete txā’wēy, ītxiçna’kukwe’we napa txājunxu ew fxi’zekan luuçxwe’sxyak, piçtawe’sx açx thē’wesx ūusthaw, txāawe’sx jxuka jinkuk we’we naayu’ u’pukuk, ne’jwesxna we’wen. Kwe’sx fxi’zenxi’s makwema’wtepa dxvxitmee kçxhaçxhaniiçxa ya’u’jwen luuçxwe’sxyak ji’kuk, txā’menxu jxuka pçuunu’jwenanxu wakasçēynaçxaa u’juwanxhuun. Jinak pta’sxi kapiyasa Benilda’.
Sus manos robustas sostienen una pequeña calabaza que almacena mambe. Pone un poco sobre su mano y se lo echa a la boca. Casi no se le entiende al hablar porque tiene la boca llena de coca. Su rostro, ya lleno ya de arrugas, mira hacia la cámara. Esta lo enfoca y él dice: “Así fue, a la medianoche los mayores vieron caer la estrella. De ese ser somos hijos, somos hijos del agua”. Mientras el video lo pasa a segundo plano, suena una flauta con melodía suave, mostrando algunos de los pocos registros audiovisuales que quedan del abuelo Ángel María Yoino.
“Ā’luuçxkujwenxu’, ā’luucxkunxu, txāak txā’wē ēeju we’wejiku’tx, açyu txāhjuyu’, ēeju we’weçkaçxa, na’ na’k kijna uyu’nekwejiçxak txāhju txa piçtatxas we’weçxakaaj, aça txājunxanxjuuupa txāanxu txtey txteyne yupnu’puji’kuk, txe’jiçxaanxu’, kuspxiājwala, na’k kijnaknxuu na’wē, txā’wesa luuçxthaw kwe’sxa, kwe’sxa, kwe’sxa i’ne luuçxmeethawçe.”
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