Así que, empecemos por revisar qué significa la palabra prometer, prometer proviene del latín promittere, que se descompone en el prefijo pro- (que significa “antes” o “adelante”) y el verbo mittere (que significa “enviar” o “dejar ir”). Por lo tanto, etimológicamente, prometer significa «enviar o decir algo antes de hacerlo», «comprometiéndose a algo que vendrá en el futuro». Y miren qué curioso, la palabra prometer está vinculada con la palabra “compromiso”, que proviene del latín compromissum, que significa una “promesa total” o un “acuerdo conjunto”. Deriva de cum (“junto”, “por completo”) y promissus (“promesa”), refiriéndose a «una obligación contraída o una palabra dada que las partes se comprometen a cumplir». Y qué tal si asumimos que Posteris Lvmen Moritvrvs Edat (Quien ha de morir deje su luz para la posteridad) y la letra de nuestro himno son nuestra promesa y nuestro compromiso, o si nuestro trabajo universitario y nuestra promesa de compromiso por una universidad de excelencia y solidaria han estado vinculadas con el poder de las palabras de algo que repetimos cotidianamente.
Las primeras líneas de nuestro himno dicen:
“Alma ciencia tus hijos hoy vienen a mullir de coronas tu altar”.
Creo que son muchas las oportunidades en que mullimos de coronas el altar de nuestra institución: en esta fecha por ejemplo, en las ceremonias de grado y en muchos otros ritos académicos cargados de simbolismo, en donde le rendimos homenaje a una institución grande y pública a la que le debemos todo.
A mí me gusta más la idea, que rindamos homenaje a nuestra institución en el día a día, honrando su nombre en todas nuestras actuaciones personales y profesionales, haciendo nuestro trabajo de manera comprometida y transparente; me gusta la idea de que lo hacemos desde cualquier lugar desde donde aportamos a su misión y a su apuesta formativa. Lo hacen los profesores cualificándose día a día, para desarrollar las actividades de docencia, investigación, administrativas y de proyección social. Lo hacen nuestros administrativos comprometidos, aquellos que entienden que es con su labor que se apoya todo el quehacer universitario que transforma vidas, y lo hacen los estudiantes que, desde su formación y su excelencia, su compromiso y sensibilidad social, hacen que con sus relatos de vida nos hagan sentir que todos nuestros esfuerzos valen la pena.
Nuestra Alma Mater está y debemos buscarla en los libros que leemos, en los que leemos a medias, en los que leemos y escribimos por ella, en las imágenes que desde ella nos habitan y en las soluciones creativas que buscamos para encontrarnos con ella, para hacer algo por ella (desde obras civiles hasta partituras) y vincular lo que somos con el territorio y, con esas vidas que tocamos. Le rendimos homenaje a la Universidad, pero hoy ella también rinde homenaje y reconoce los miembros de nuestra comunidad que contribuyen con su grandeza a través de una vida de trabajo o de sus actuaciones destacadas.
“En ofrenda la dulce esperanza con que arrullas el arduo pensar”
Una labor que nos implica trabajar a pesar de lo grises que puedan ser los días y los oscuras que puedan ser sus noches, a no renunciar a la esperanza de asumir que cada proceso formativo, investigativo, cultural y en general en todo lo que hacemos, es una apuesta por la vida, es una semilla de paz, y una forma resistir a los que insisten en mantenernos en el círculo absurdo y sin sentido de la violencia.
Hoy el Cauca necesita más que nunca de su Universidad; de esta Alma Mater bicentenaria, de la intelectualidad que la habita, pero también de su sensibilidad y de su inteligencia colectiva. Requiere de cada uno de sus actores institucionales, de su talento, de su creatividad y de ese compromiso amoroso que nos convoca a resistir la guerra. Porque no somos, ni podemos ser, un actor más de la violencia: somos la persistencia y la terquedad de quienes se atreven a vivir en paz, de quienes creen que los conflictos y las diferencias pueden resolverse sin acudir a ninguna forma de agresión. Somos una institución patrimonio de quienes construyen tejido social, de quienes aman a pesar de todo, de quienes ponen la educación al servicio del prójimo y hacen de ella un acto de resistencia. Hoy la gente del Cauca nos necesita; necesita, más que nunca, la luz que esta universidad representa para su territorio.
“Tú confieres invicta nobleza y ante al paria doblegas al rey; sólo un canon regula tus ritos la desnuda verdad es tu ley”.
En un mundo de falsas verdades y polarización que este sea un llamado a que la verdad nos libere (pretensión iluminista) que hoy resignificó como promesa y compromiso de seguir haciendo de nuestra institución un escenario para acercarnos a esas verdades provisionales que nos permiten avanzar en las ciencias. Este compromiso ha sido para nosotros acción con convicción, un compromiso que se ha hecho evidente fortaleciendo y acompañando a nuestros grupos de investigación (hoy 94 grupos escalafonados y 265 investigadores reconocidos) a los semilleros; así como desde la realización de convocatorias que den espacio a otras formas de investigar y de crear.
Es una convicción que nos ha llevado a la acción, fortaleciendo nuestras propuestas de trabajo en educación continuada y asumiendo con apertura el diálogo con saberes, conocimientos y prácticas y con esas otras verdades que nos permiten reconocernos, coexistir, convivir; verdades inmersas en el contexto de realidades múltiples, en el contexto de la singularidad y de la diferencia, en esa invitación a ampliar el espectro de lo posible, pero desde el respeto por el otro con quien me reto a coexistir.
“Danos ya la vivifica norma que redime el humano dolor, y congregue en la mesa del mundo al esclavo de ayer y al señor”.
Quizás esta última estrofa, sea también la promesa permanente a la solidaridad, en perspectiva de una especial sensibilidad con el territorio, como un llamado a generar oportunidades, a dar soluciones, a apoyar, para redimir desde nuestra casa el humano dolor, con la gran responsabilidad de tener cuidado con las vidas que tocas.
Y claro que hemos cuidado las vidas que tocamos. Lo hemos hecho a través del Programa de Transito Inmediato a la Educación Superior (PTIES) en Argelia, Guachené, Guapi, Inzá, López de Micay, Páez, Piamonte, Rosas, San Sebastián, Santander de Quilichao, Sucre y Timbiquí.
De las vidas que hemos tocado con los semilleros en matemáticas, en oralidad, lectura y escritura en la Arboleda- Mercaderes, Cajibio, el Bordo, Tambo, Guachene, Guambia, Inza, la Vega, Mercaderes, Páez, Patia- el Bordo, Popayán, Piendamo, Pescador, Rosas, San Sebastián, Santander de Quilichao, Sotara y Suárez. De las vidas que tocamos en apoyos lúdicos en 40 iniciativas a maestros en matemáticas. La solidaridad como compromiso por nuestra apuesta formativa en Santander de Quilichao, mejorando el acceso, la infraestructura y ajustando las normativas, trabajando intensamente por nuestra nueva sede de Guapi y aunando esfuerzos para formar a nuestros maestros a través del convenio con las normales en Guapi, Belalcazar, Almaguer, la Vega y Popayán.
Más de 2.500 personas beneficiadas, hoy algunos de ellos son parte de nuestra comunidad; no son datos, son vidas: es Karina, Victoria, Kevin, Karen, Aura, Luis Miguel, José Angel, Breimar, Orlith, Liseth, entre tantos otros; son sus sueños, esperanzas e ilusiones que nos retan a no ser inferiores a sus expectativas, a las de sus familias, de sus municipios y territorios. Porque estamos seguros que estas semillas que sembramos en los días grises del otoño (estos por los que atraviesa el Cauca y su gente) serán las flores y los frutos de la primavera.
Hoy, mientras celebramos 198 años de historia, quiero agradecer algo esencial, eso que dice el principito es invisible a los ojos: esta promesa, este compromiso, esta convicción nunca han sido —ni serán jamás— un camino en solitario, requieren la complicidad de cada uno de ustedes. Requieren sus manos que sostienen, sus decisiones que orientan, su rigor que construye, su ética que cuida y de su corazón que acompaña.
Hoy rendimos homenaje a quienes, con su vida y su trabajo, han hecho posible la Universidad, a los del pasado, a los del presente y a los que vendrán. Y al hacerlo, mullimos de coronas esta casa que nos ha visto crecer: una casa colorida y palpitante, que nos ha transformado y que seguirá transformando vidas; una casa que es —y seguirá siendo— patrimonio de todos.
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