Cada 21 de febrero, el mundo se une para conmemorar el Día Internacional de la Lengua Materna, una fecha que resalta la vital importancia de la diversidad lingüística y cultural de nuestros pueblos. En este ambiente de reflexión global, la Alma Mater caucana se enorgullece en exaltar la voz, la memoria y el inspirador camino del profesor Willian Jairo Mavisoy Muchavisoy. Su identidad y su profundo saber ancestral han transformado la docencia en un sagrado acto de cuidado por la vida, la palabra y nuestra Madre Tierra.
Este día, proclamado por la UNESCO, no es solo un llamado a visibilizar la urgencia de proteger las lenguas originarias, muchas de ellas al borde de la extinción, sino también un reconocimiento a la riqueza intrínseca de cada idioma como una ventana única para comprender el mundo. La lengua materna es mucho más que un medio de comunicación; es el repositorio de la memoria colectiva, el ancla de la identidad y el hilo conductor de la continuidad espiritual de los pueblos. En Colombia, un país se reconoce como pluriétnico y multicultural, esta fecha nos invita a abrir nuestros oídos y corazones a las voces que portan saberes ancestrales, reconociendo su aporte fundamental a la construcción de una sociedad verdaderamente justa, equitativa y diversa.
El profesor Willian Mavisoy, impulsado originalmente por el deseo de sus padres de verlo acceder a la educación superior, encontró su verdadera vocación inspirándose en el ejemplo de su madre. Ella, una figura emblemática de sabiduría, liderazgo, curiosidad, consejo y pedagogía, poseía un profundo sentido del cuidado de la vida y una conexión innata con la comunidad. Fue esta herencia la que lo guió hacia la carrera de Antropología, una elección que le permitió forjar su camino académico sin renunciar a su esencia kamënts̈á, el orgullo de ser “Nacido aquí, en su tierra”. Su formación académica continuó con una maestría en Estudios Interdisciplinarios del Desarrollo, y actualmente se adentra en la investigación doctoral en Etnobiología y Estudios Bioculturales. Sin embargo, más allá de las etiquetas académicas, él se define como jtsenojwabnayá, “El que pisa conscientemente sus curiosidades”. Desde esta perspectiva única, ha gestado conceptos innovadores como: kohacer, kósmovilidad, econsciencia, plurikósmos, ser-saber, kósmofrenda, diálogo de ser-saberes y memoriandar. Estas ideas dan vida a su profunda concepción de la palabra-memoria bíolugargogia, que define como “La conversación con la maestra Madre Tierra junto con sus lugares y su gente que kohacen memorias de sabidurías ancestrales”. Un hito significativo en su trayectoria fue convertirse en 2019 en el primer profesor indígena de planta de la Universidad del Cauca, un logro que le permite entrelazar de manera magistral los saberes ancestrales con el conocimiento académico.
Aunque nació en el Valle de Sibundoy, lleva 25 años en el Cauca, territorio que reconoce también como un lugar sagrado; desde allí, y especialmente en las aulas de la Licenciatura en Etnoeducación, promueve el diálogo de ser-saberes entre los paradigmas científicos y las sabidurías ancestrales. Para este Unicaucano, ejercer la docencia desde su identidad indígena significa ser abuatambayá-tatsëmbuá, es decir, alguien que sana y educa al mismo tiempo, por lo que su mensaje a los estudiantes resulta claro y profundamente coherente con esa misión, “Para quienes dominan muy bien su lengua originaria pensar y sentir desde ella y saber conversar con los paradigmas teóricos y prácticos que ofrece su programa académico. Para quienes siendo indígenas y no hablan la lengua originaria, perdonar al pasado histórico y permitirse sanar la memoria-lugar de su existencia para sembrar y volver avivar la lengua que hablan sus ancestros. Y para quienes no se consideran indígenas, fomentar el respeto e invitarlos aprender una lengua originaria, de ese modo contribuyen también a la solidaridad por la pervivencia de las lenguas indígenas y ser parte de una sociedad justa donde se promulgue la diversidad étnica, lingüística y espiritual-ancestral. Y entre todos, ser fuertes para erradicar de manera sana, creativa y respetuosa la discriminación lingüística en cualquiera de los escenarios universitarios, sociales y medios de información”.
De esta manera y a modo de homenaje, la Universidad del Cauca reconoce en su comunidad una riqueza cultural que trasciende las aulas y se proyecta hacia el país y el mundo. Al acercarse a su bicentenario, reafirma su compromiso con la diversidad, el diálogo de saberes y la protección de las lenguas maternas como patrimonio vivo de la humanidad. Historias como la del profesor Willian Jairo Mavisoy Muchavisoy recuerdan que educar también es cuidar la memoria y sembrar futuro. Porque en Unicauca, #PatrimonioDeTodos, transformamos vidas y hacemos sueños realidad al reconocer que nuestra mayor riqueza está en la palabra, la identidad y la dignidad de los pueblos.
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