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Jaime Martin Franco y su mejor fórmula: mezclar el rigor científico con la vocación de abrir caminos

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3 septiembre, 2026
A punto de escribir el último capítulo de su historia en los laboratorios de la Universidad del Cauca, justo antes de abrazar su merecido retiro, el profesor Jaime Martin Franco emprendió un viaje que resume perfectamente su vocación: ¡abrir caminos! Lo que comenzó como un anhelado reencuentro familiar en Alemania, se transformó en su última gran lección, tendiendo puentes internacionales para que nuestras y nuestros estudiantes puedan soñar sin fronteras, demostrando que enseñar es, ante todo, un acto inagotable de amor. Conozcamos un poco más a este profe catalizador de una educación sin fronteras, que deja una huella imborrable en nuestra Alma Mater.

Aunque el viaje a territorio europeo tenía como destino principal el hogar de su hija, su espíritu de formador habló más fuerte. Estando allí, no quiso dejar pasar la oportunidad de mostrarle al mundo el talento que se cultiva en la Universidad del Cauca, en nuestro Departamento de Química y en sus grupos de investigación. Guiado por ese anhelo de crear nuevas alianzas, llegó hasta la sede Burghausen de la Technische Hochschule Rosenheim, donde sostuvo valiosos encuentros con directivos y académicos de esta institución, entre ellos el profesor Colombiano, Oscar Rojas, quien le abrió las puertas de esta universidad y, años atrás, había sido su almuno.

Para el doctor Jaime, pararse en ese escenario representó un desafío personal enorme. Consciente de la responsabilidad de ser la voz de su Alma Mater, pasó una tarde entera repasando su pronunciación y preparando meticulosamente cada palabra de su discurso en inglés para transmitir nuestro quehacer con total claridad. “Yo fui con un miedo tenaz, pero hice la presentación”, recuerda hoy, con la certeza de que haber superado ese nerviosismo terminó convirtiéndose en una de las satisfacciones más bonitas de su visita.

Tras dar ese gran paso, el recorrido por los laboratorios de la sede Burghausen le permitió llevar su imaginación más allá. Conocer de cerca una infraestructura de tan alto nivel le hizo vislumbrar nuevos rumbos para la investigación, especialmente por la fuerte sinergia que existe allí entre la academia y la industria. “Es la posibilidad de que la química que nosotros hacemos acá, a veces teórica, a veces con conocimiento básico, se pueda desarrollar a nivel productivo, a nivel de mirar otros horizontes”, señala.

Imagen Jaime Martin
Fotografía: Centro de Gestión de las Comunicaciones.
Fotografía: Suministrada.

Esa visión de nuevos horizontes no se quedó solo en ideas. El encuentro sentó las bases para una prometedora cooperación entre ambas instituciones, abriendo la puerta a la movilidad de estudiantes de pregrado y posgrado, al desarrollo de proyectos de investigación conjunta, a la participación en convocatorias científicas internacionales y a un gran anhelo: la posibilidad de una doble titulación para nuestros programas de Química e Ingeniería Química. Y aunque esta gestión tiene un tono nostálgico por su inminente retiro, su legado quedará en las mejores manos: el profesor Richard Fernando D’vries tomará la batuta para darle continuidad a este sueño desde nuestro Departamento de Química.

Mirar hacia atrás y ver este puente internacional construido hace que su trayectoria cobre aún más valor. Licenciado en Química de la Universidad Santiago de Cali, doctor en Química Orgánica de la Universidad del Valle, investigador senior de MinCiencias y pilar del grupo de investigación Química de Productos Naturales, su llegada a nuestra institución fue casi una obra del destino. Tras dedicar cerca de 20 años a la docencia en colegios caleños y superar el enorme desafío de su doctorado en 1998 —un logro que siempre agradece al apoyo incondicional de su directora de tesis—, aterrizó en Popayán al año siguiente. Una compañera lo animó a presentarse a una convocatoria docente; paradójicamente, ella no fue seleccionada, pero el profesor Jaime sí. Así se encendió la chispa de una historia que, para fortuna de nuestra Alma Mater, hoy suma 27 años de entrega.

A lo largo de estas casi tres décadas, su impacto en el Departamento de Química ha sido fundamental. Fue una pieza clave en hechos tan trascendentales como la primera acreditación de alta calidad del programa y la estructuración de la Maestría, logrando siempre un equilibrio perfecto entre el rigor de su labor investigativa y el acompañamiento genuino a numerosas generaciones de estudiantes. Sin embargo, este compromiso inquebrantable trajo consigo un sacrificio silencioso: su vida se convirtió en un eterno ir y venir. Con el corazón dividido, pasaba sus semanas inmerso en las aulas de Popayán y sus fines de semana junto a su familia en Cali; una rutina impulsada por el amor que, según sus propios cálculos, le ha sumado meses enteros de su vida sobre la carretera.

Y es precisamente en esas casi tres décadas, se forjaron anécdotas que reflejan su temple inquebrantable. Aún guarda en su memoria el crítico cierre de la vía en el año 2000, un obstáculo que lo obligó a recurrir a los medios de transporte más impensables para no fallarle a la Universidad ni a su familia; desde viajar de pie en una avioneta de carga, hasta completar rutas en moto o caminando. Esa misma determinación lo impulsó un año después, en 2001, a seguir adelante con una pasantía en Estados Unidos apenas unos días después de los atentados del 11 de septiembre, negándose a que el temor colectivo frenara su propósito.

No obstante, más allá de los kilómetros recorridos y las adversidades superadas, al hacer el balance de su carrera su mayor orgullo tiene nombre y apellido: sus estudiantes. Evoca con profunda sensibilidad a aquellos jóvenes que llegaron con enormes barreras económicas y a quienes ayudó incondicionalmente a encontrar alternativas. Hoy los ve brillar como investigadores, profesionales y docentes con maestrías y doctorados. Para él, la recompensa es clara. “El mejor pago que puede tener uno como docente es que el estudiante lo supere a uno”, afirma con convicción. Un sentimiento que revalidó hace poco con la visita de Manuel Amézquita, egresado unicaucano y actual profesor de la UNAM, por quien siente una profunda admiración.

Con diciembre marcado en el calendario como el mes de su retiro oficial, el profesor Jaime abraza el cierre de este ciclo universitario con gratitud, pero sin el menor asomo de quietud. Fiel a su esencia, ve esta transición como el fin de una etapa y no de su vocación. “No es quedarme quieto porque la jubilación no significa eso”, aclara de inmediato. Por el contrario, su agenda ya tiene nuevos retos: perfeccionar su inglés, explorar horizontes inéditos de la química y, sobre todo, encontrar maravillosas excusas para nunca dejar de aprender.

Precisamente, ese afán por no detenerse fue lo que lo motivó a dejar sembrada la semilla de la cooperación en Alemania. Antes de despedirse de las aulas, quiso asegurarse de que, en el futuro, las y los estudiantes sigan encontrando alternativas de movilidad internacional y que otros colegas tomen la batuta de esta gestión. Así, aquel viaje que comenzó impulsado por el abrazo de su hija terminó coronando su trayectoria, ratificando su inmenso amor por el Departamento de Química y por una Universidad que, después de 27 años, reconoce con enorme gratitud como el lugar donde ha sido plenamente feliz trabajando.

Imagen Jaime Martin Franco
Fotografía: Suministrada.
Imagen profesor Jaime Martin Franco
Fotografía: Suministrada.

A modo de testamento académico para quienes hoy se encuentran construyendo su propio camino, el profe Jaime les hereda una máxima que resume todo lo que ha aprendido: “En realidad, el mensaje es que se preparen, porque hay que luchar para convertir los sueños en una realidad. Eso es importante y hay que tener siempre en cuenta que una buena actitud hace la diferencia. Cuando uno aborda los problemas, las dificultades, con una buena actitud, saca resultados positivos. Así sean panoramas un poco difíciles, pero una buena actitud hace que uno le saque el mejor partido a esos momentos difíciles.”

Desde la Universidad del Cauca extendemos un abrazo de profunda gratitud al profesor Jaime Martin Franco por 27 años de entrega absoluta. Gracias por sembrar conocimiento con calidez humana, por las horas robadas al descanso por el movimiento entre Cali y Popayán y por demostrarnos, hasta el último instante, que la educación trasciende los salones. Ahora que llega el momento de cerrar este capítulo, esperamos que pueda disfrutar con tranquilidad de aquello que durante tantos años estuvo en pausa: compartir más tiempo con sus seres queridos, estar cerca de su familia y emprender nuevos proyectos, llevando consigo la satisfacción de haber dejado una huella que continuará en sus estudiantes, en sus colegas y en esta casa que es #PatrimonioDeTodos. 

Redacción: Centro de Gestión de las Comunicaciones.

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