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Reacreditar una universidad con casi dos siglos de historia no es un simple trámite de listas de chequeo, ni una medalla que se cuelga en la pared. Es, en esencia, un acto de valentía institucional. Es mirarse al espejo de manera profunda para reconocer la grandeza de lo construido, diagnosticar sin miedo los desafíos presentes y trazar, con responsabilidad, la ruta de la universidad con la que soñamos y construir las bases de aquello que queremos ser. Por eso, en la Universidad del Cauca la Alta Calidad dejó de ser un concepto abstracto y de oficina para convertirse en un movimiento vivo. A través de la exitosa estrategia “Súbete al bus de la acreditación”, estudiantes, profesores, administrativos y egresados se pusieron la camiseta, asumiendo la excelencia como una misión colectiva.
En esta cuarta entrega de #DiálogosBicentenarios, y a pocas semanas de un momento determinante como lo es la visita de pares académicos, conversamos con el profesor Alexander Buendía, director del Centro de Gestión de la Calidad y la Acreditación Institucional. Quien fuera un docente en contacto diario con las aulas, hoy lleva la batuta de un proceso que logró articular la diversidad de la Alma Mater caucana en un solo relato de orgullo regional. Así se vive el camino hacia el que, se espera, sea el mayor regalo para Unicauca en su Bicentenario.
Profe, usted viene del contacto directo con las aulas. ¿Qué significó asumir la dirección del Centro de Gestión de la Calidad y la Acreditación Institucional?
R/ “Fue un reto muy grande e importante porque implicó conocer la Universidad desde otra perspectiva. Cuando uno es profesor conoce la Universidad desde lo académico y asumir este rol de director exigió ver y entender lo académico-administrativo desde una perspectiva global, de escenarios que no compiten sino que conviven y se complementan. Entonces, este reto se asumió con responsabilidad y ha sido muy satisfactorio porque implicó un nuevo aprendizaje, un re-conocer la Universidad, entender otras dinámicas y comprender que también se hace Universidad desde otros ámbitos, no solamente desde las aulas, sino también en este caso, desde un centro que gestiona la calidad y la reacreditación, algo muy importante para la vida académica”.
Más allá de un sello oficial o un trámite técnico, ¿qué implica realmente en la vida cotidiana de nuestra comunidad que la Universidad del Cauca esté acreditada en Alta Calidad?
R/ “El estar acreditados implica un reconocimiento público que hace el Estado colombiano a través del Consejo Nacional de Acreditación a los programas y a las universidades que están por encima de la media. Es decir, la acreditación en alta calidad no es para compararnos con otras instituciones, es para compararnos con nosotros mismos. En resumen, la acreditación es un proceso que nos permite ver cómo estamos haciendo las cosas y de qué forma estamos prestando el servicio público de educación, y en este caso es un servicio público de educación con pertinencia y calidad”.
Al asumir este reto, ¿con qué panorama se encontró en la universidad y cuál fue esa convicción con la que decidió trazar la ruta hacia la reacreditación?
R/ “Me encontré con un reto muy grande, pero también con una Universidad madura, que contaba con procesos consolidados gracias a todo el trabajo realizado previamente. Para nosotros, como Universidad y como Centro, no se trataba de empezar de cero. El gran desafío estaba en el volumen de información que debíamos gestionar y en cómo lograr que los diferentes actores institucionales se involucraran y aportaran al proceso. Porque la acreditación es de toda la comunidad universitaria. Eso significaba involucrar a profesores, estudiantes, administrativos, egresados y al sector externo, todos remando hacia el mismo lado. De ahí surgió la campaña “Súbete al bus de la acreditación”. Si bien ya teníamos una capacidad instalada y una madurez en nuestros sistemas internos de aseguramiento de la calidad, el reto fundamental era cómo llevar todo eso a un nivel mayor. Y creo que lo logramos satisfactoriamente”.
¿Cómo lograron que ese diagnóstico interno, que suele ser muy técnico, se transformara en un sueño colectivo participativo a través de #SúbeteAlBus?
R/ “Yo creo que todos consideramos que la Universidad es nuestra casa común, un lugar que nos ha dado mucho y al que también podemos retribuir trabajando con mayor responsabilidad y siendo conscientes de lo que implica este reto. Podemos tener visiones diferentes del mundo, pero al final compartimos una misma Universidad: regional, pública y profundamente vinculada con este territorio. Por eso, el desafío era lograr que todos miráramos en una misma dirección y construyéramos un sentido colectivo. De ahí nació la estrategia “Súbete al bus de la acreditación”, para entender que la reacreditación es un reto y una responsabilidad, pero también una meta a la que todos podemos aportar desde nuestro lugar”.
En este camino, ¿cuáles fueron las principales fortalezas y cuáles los retos que tuvieron que enfrentar?
R/ “La principal fortaleza es que ya teníamos una capacidad instalada y el principal reto estuvo en organizar un volumen mayor de información y, sobre todo, en encontrar aquello que nos une en medio de una Universidad grande y diversa. El desafío fue identificar ese sello unicaucano presente en cada uno de esos procesos y recoger esa diversidad en un mismo relato de acuerdo con los criterios del Consejo Nacional de Acreditación. Para lograrlo contamos con un equipo muy valioso que nos permitió armar el rompecabezas de nuestras diversidades y darle una forma común, un sello unicaucano muy singular”.
Entregado exitosamente el Informe de Autoevaluación, ¿qué representa haber culminado esta etapa y cuáles son los pasos inmediatos ante los pares académicos?
R/ “El reto de entregar el documento tenía dos condiciones: hacerlo completo y hacerlo a tiempo. Nuestra meta era entregarlo en junio de 2026 para garantizar la continuidad de la acreditación y logramos entregarlo en mayo. Pero no bastaba con entregarlo a tiempo, también tenía que estar bien hecho. El CNA puede solicitar una “completitud”, es decir, pedir información adicional sobre el documento y sus anexos. En nuestro caso no fue necesario lo que significa que el informe fue entregado a tiempo y bien hecho. Eso me llena de mucha alegría y orgullo por el equipo que hizo posible este proceso. Ahora viene una etapa muy importante: la visita de los pares académicos. El CNA ya surtió el proceso de preselección y estamos definiendo los detalles de la visita, que está prevista para la última semana de octubre. Los pares vienen a verificar que lo que presentamos en el informe corresponda con la realidad de la Universidad. En el caso de la acreditación institucional serán cinco pares académicos, uno de ellos internacional, con experiencia en procesos de acreditación de instituciones y programas, tanto de universidades públicas como privadas. Su tarea será conocer la Universidad, contrastar nuestras evidencias y evaluar el cumplimiento de lo que presentamos en cada uno de los factores”.
Se ha dicho que la reacreditación podría ser un gran regalo para la Universidad en sus 200 años, ¿cómo se conecta este proceso con el futuro institucional?
R/ “Hay algo que los pares académicos suelen valorar muy positivamente en nuestras visitas y es la capacidad de la Universidad para dialogar con su contexto. Tenemos estudiantes de los 42 municipios del departamento y de los 32 departamentos de Colombia, con una presencia importante de jóvenes del suroccidente y, principalmente, de estratos uno, dos y tres. Eso nos hace una Universidad que, como dice nuestro lema, es Patrimonio de Todos. Por eso, cuando hablamos de excelencia, hablamos también de pertinencia. El futuro de la Universidad está en seguir ofreciendo una educación pública de la más alta calidad, pero profundamente conectada con las necesidades del Cauca y del país. En ese sentido, la reacreditación no sería solamente un reconocimiento por lo que hemos hecho, sino un impulso para seguir construyendo la Universidad que el territorio necesita: somos excelentes en la medida en que podemos responder a unas necesidades de formación específicas por los públicos determinados”.
En lo profesional y en lo humano, ¿cómo lo ha transformado liderar un proceso tan importante para la Universidad del Cauca?
R/ “La transformación ha implicado sobre todo un mayor conocimiento de la universidad y eso ha conllevado cambiar ciertas rutinas familiares y personales para poder responder al reto de una manera pertinente y responsable. Eso también ha implicado trabajar a otros ritmos distintos a los que se trabaja en la academia, porque la ventaja o la singularidad de esta dirección es que en ella se dialoga con lo administrativo y con lo académico. Entonces me ha permitido tener una visión mucho más panorámica de la Universidad y esa es una gran transformación en lo personal y profesional. Entender a los otros y entender las formas como los otros trabajan y hacen universidad cotidianamente”.
Tras ver a estudiantes, profesores, administrativos y contratistas con la camiseta puesta en este proceso, ¿qué es lo que más orgullo le genera?
R/ “Lo que más me llena de orgullo es saber cuánto queremos a la Universidad. Cuando comenzamos la campaña “Súbete al bus” teníamos algunas dudas sobre si ese ejercicio pedagógico y lúdico iba a conectar, pero terminó calando mucho más de lo que esperábamos. Eso demostró que la gente siente la Universidad como su casa y la quiere profundamente. También me llena de orgullo el compromiso del equipo de trabajo y que al final todos nos subimos al bus y nos pusimos la camiseta y eso mismo lo encontramos en los diferentes espacios universitarios cuando llevamos a cabo la campaña. Ver ese compromiso colectivo me llena de orgullo, pero también me compromete aún más con el reto y con la responsabilidad que hemos asumido”.
Finalmente, ¿qué más quisiera compartir sobre todo lo que ha significado impulsar este proceso?
R/ “Creo que el principal regalo que podemos dejarle a la Universidad en sus 200 años es una Universidad reacreditada. Tenemos una institución sólida, valiosa y pertinente, con todo el potencial para alcanzar nuevamente esa acreditación. Por eso, creo que la coincidencia entre el Bicentenario y este proceso no es casualidad, sino la suma de muchos esfuerzos que pueden convertirse en un legado para las próximas generaciones. Y ahí cobra mucho sentido nuestro lema: “Quien ha de morir que deje su luz a la posteridad”. Lo que estamos haciendo hoy puede trascender nuestro tiempo y convertirse en una referencia para quienes vengan después, así como nosotros hoy miramos lo que hicieron quienes nos antecedieron. Si logramos dejar una Universidad más sólida, con una comunidad más consciente de su papel y con una ruta clara hacia el futuro, habremos dejado nuestra luz para la posteridad”.
Así, con la confirmación de la visita de los pares académicos para la última semana del décimo mes del año en curso, y como la mejor antesala del festejo de los 199 años de fundación, la Universidad del Cauca se prepara para vivir uno de los momentos más determinantes de su historia reciente. No se trata solo de abrir las puertas para ser evaluados, sino de exponer con orgullo el resultado del esfuerzo diario de miles de personas que hacen de esta casa de estudios un verdadero motor de desarrollo; una casa en la que transformamos vidas y hacemos sueños realidad. Subirse al bus de la acreditación fue el primer paso; hoy, ese viaje nos acerca a un destino inquebrantable: demostrarle al país que, a las puertas de nuestro Bicentenario, nuestra vocación de excelencia sigue más viva que nunca, dejando encendida, para siempre, esa luz para la posteridad y reafirmando que #ReacreditadosSomos calidad que se teje desde y para los territorios.
Nota de la Redacción: #DiálogosBicentenarios es un formato periodístico diseñado para analizar la universidad del ahora, confrontar las realidades globales y proyectar los desafíos de nuestro contexto, visibilizando el trabajo de quienes, desde distintos escenarios, contribuyen a fortalecer la institución en el camino hacia sus 200 años.
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