Cada 21 de mayo, en Colombia se conmemora el Día de la Afrocolombianidad, una fecha que reconoce la lucha histórica de las comunidades afrodescendientes por la libertad, la dignidad y la igualdad de oportunidades. En este contexto, la Universidad del Cauca destaca historias que reflejan el impacto de la educación como herramienta de transformación social. Una de ellas es la del profesor Jader Arrechea, quien encontró en la academia la posibilidad de cambiar su vida y abrirle camino a otros jóvenes del Pacífico caucano. Para este protagonista, quien destaca por su don de gentes y sonrisa característica, “Siempre va a ser posible soñar a pesar de las dificultades económicas y sociales; siempre va a ser posible si tenemos ganas”.
Nacido en Guapi y criado en Timbiquí en medio de las complejidades sociales y económicas del Pacífico caucano, Jader creció con el anhelo de estudiar y salir adelante. Desde muy pequeño sobresalió académicamente y acumuló reconocimientos como mejor estudiante de su colegio y mejor puntaje ICFES de su municipio. Sin embargo, más allá de los premios, lo que marcó su vida fue escuchar, siendo apenas un adolescente, que otro joven de su territorio había logrado ingresar a Unicauca pagando una matrícula accesible. “Desde allí, se me metió entre ceja y ceja que yo tenía que llegar a la Universidad del Cauca”, recuerda el profesor, quien hizo de esa revelación su principal meta de vida.
Ese norte claro, impulsado por una profunda disciplina, le permitió ser admitido tanto en la Universidad del Valle como en nuestra institución. Sin embargo, eligió a Unicauca porque veía en Popayán una ciudad más cercana a la dinámica de su pueblo y una posibilidad real de sostenerse económicamente. Su ingreso se materializó a través de la modalidad de cupos especiales, una política de inclusión que hoy defiende con profunda gratitud. “Yo soy cupo especial, a mucho honor. Eso no significa que no nos lo hayamos ganado; significa que necesitábamos una oportunidad”, afirma, destacando la urgencia de seguir democratizando el acceso a la academia.
Su arribo a la capital caucana en 2007 supuso un choque cultural y tecnológico. Una de las anécdotas que atesora ocurrió durante la inducción de su programa, cuando le solicitaron escribir su correo electrónico. “Yo era la primera vez que escuchaba la palabra correo, no sabía qué era eso”, cuenta entre risas, recordando que en aquel entonces tampoco sabía encender un computador debido a que la enseñanza de informática en su colegio había sido estrictamente teórica. Lejos de rendirse ante la sensación de rezago frente a sus compañeros, asumió el reto con tenacidad, repitiéndose constantemente: “Si otros pudieron, yo también podía”.
No obstante, permanecer en la universidad implicó un esfuerzo enorme, pues desde muy joven trabajó en buses en Cali, en construcción y posteriormente dictando clases personalizadas para poder sostenerse económicamente en Popayán mientras adelantaba sus estudios. Aunque ingresó inicialmente a la Licenciatura en Matemáticas, también cursó Ingeniería Civil motivado por su deseo de aportar al desarrollo de su territorio a través de la conectividad y las vías para el Pacífico caucano. Fue precisamente en este programa donde alcanzó uno de los reconocimientos más importantes de su vida académica: obtener el mejor promedio entre todos los pregrados de la Universidad del Cauca en el año 2014, honor que le permitió participar en la tradicional procesión del Santo Entierro durante la Semana Santa en Popayán, “Fue un orgullo enorme porque entendí que sí éramos capaces, que los jóvenes de nuestros territorios podían destacarse académicamente”, recuerda el docente. Aunque posteriormente decidió enfocar su proyecto profesional en las matemáticas y la educación, continuó fortaleciendo su formación académica en los mismos pasillos y aulas donde sembró la semilla de sus anhelos. Con mucha constancia y rigor académico, obtuvo los títulos de Especialista en TIC para la Innovación Educativa y Magíster en Educación (en la línea de investigación en Educación Matemática). Durante este trayecto de excelencia, fue galardonado con la Medalla Universidad del Cauca en la denominación “Francisco José de Caldas”.
La resonancia de sus logros funcionó como una auténtica sinapsis que conectó nuevas oportunidades para su entorno más cercano. Guiados por su ejemplo, sus hermanos también accedieron a la educación superior, graduándose en Ingeniería Física e Ingeniería en Automática. Precisamente, su hermano Klever Sterling, en alianza con Viviana Gahona, egresada y candidata a Doctora en Ciencias Ambientales, lideran EKO Bots, una corporación que desarrolla estrategias de intervención educativa en comunidades vulnerables del Cauca a través de la ciencia, la tecnología y la innovación. Esta iniciativa ha permitido crear redes de acompañamiento y motivación para jóvenes del Pacífico interesados en ingresar a la U, un esfuerzo que junto al del profesor Jader ha permitido orientar a jóvenes sobre procesos de admisión, cupos especiales y oportunidades académicas. “Lo que sí tengo es el poder de orientar y decirles que sí es posible”, asegura el profesor Arrechea, quien además ha participado activamente en procesos educativos y sociales como el programa PETIES.
Es por esto que trayectorias como la de Jader Arrechea trascienden el logro individual; son la demostración viva de que la Universidad del Cauca sí transforma vidas y hace realidad los anhelos de jóvenes provenientes de territorios históricamente marginados. De ahí la importancia de la apuesta institucional por fortalecer nuestra presencia en las regiones. Llegar a municipios del Pacífico caucano, como Guapi, representa una esperanza concreta para miles de familias, pues, en palabras del rector de la Universidad del Cauca, estos esfuerzos buscan fundamentalmente “quitarle jóvenes a la guerra” y acercarles oportunidades reales de formación y desarrollo desde sus propios territorios.
Sin duda, la vida del profesor Jader es, en esencia, una de esas #HistoriasQueInspiran –muy a propósito de nuestra campaña con motivo del Día del Maestro–. Su camino, forjado a pulso por la perseverancia, el amor a la docencia y el compromiso con su gente, es el reflejo de una universidad humana, incluyente y transformadora. Así que reiteramos que hoy, en el Día de la Afrocolombianidad, su voz resuena más fuerte tanto en las aulas como en el territorio para recordarnos que la educación abre puertas y cambia destinos. Su relato nos llena de orgullo y nos impulsa a seguir consolidando esta casa casi bicentenaria como un verdadero #PatrimonioDeTodos.
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