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La Universidad del Cauca tiene un pasado extraordinario, pero también un presente cuyos avances merecen ser reconocidos con la misma emoción con la que honramos nuestra historia. Lo encuentro en las aulas, los laboratorios y los territorios; especialmente, en los profesores, estudiantes, trabajadores y egresados que cada día hacen posible esta institución.
Por eso, esta reflexión cobra especial sentido cuando nos preparamos para renovar nuestra Acreditación Institucional de Alta Calidad. Una oportunidad para preguntarnos qué Universidad somos, cómo respondemos a las necesidades del Cauca y del país y qué debemos seguir transformando. Nuestra historia nos respalda, pero la excelencia exige demostrar cada día la vigencia de nuestro compromiso con la educación pública.
Hoy contamos con 39 programas acreditados en Alta Calidad, once que esperan los procesos del Consejo Nacional de Acreditación (CNA) conducentes a sus resoluciones y uno próximo a recibir pares académicos. Son avances significativos en un país donde solo el 35 % de las universidades cuenta con Acreditación Institucional de Alta Calidad. Pero, detrás de ellos hay años de trabajo de nuestras facultades y programas, y una convicción compartida de que siempre podemos hacer mejor las cosas.
La investigación también nos ofrece razones para sentirnos orgullosos. Minciencias reconoció o clasificó 94 de nuestros grupos: 12 en A1, 16 en A, 24 en B, 38 en C y cuatro reconocidos, seis más que en la medición anterior. A estos avances se suman 265 investigadores categorizados: cuatro eméritos, 54 sénior, 57 asociados y 150 junior, lo que representa un incremento de 60 investigadores respecto a la medición anterior. Estos resultados, junto con el fortalecimiento de nuestros grupos de investigación, nos sitúan en el puesto 13 a nivel nacional por número de grupos.
Sin embargo, hay una pregunta que considero fundamental: ¿de qué serviría producir conocimiento si no contribuyéramos a transformar nuestra realidad? Nuestras 14 patentes, 12 en Colombia y dos en el exterior, representan capacidades científicas que cobran verdadero sentido cuando se ponen al servicio de la sociedad.
Me gustaría destacar nuestra participación en los estudios y diseños de la conexión vial Popayán–Guapi, mediante el contrato interadministrativo N.º 4221 de 2024 con el Instituto Nacional de Vías, por un valor reportado de 12.360 millones de pesos. Es una contribución a una aspiración histórica del Pacífico caucano. También nuestro Centro de Desarrollo Tecnológico Vial, reconocido por Minciencias, tiene impacto en 37 municipios. Son ejemplos de cómo la investigación puede acercarnos a las necesidades de las comunidades y abrir posibilidades de desarrollo.
Pero transformar territorios también significa abrir oportunidades educativas. Hoy llegamos a 22 municipios mediante semilleros de Matemáticas, Lectura y Escritura, y Oralidad, Lectura y Escritura, cuyas participaciones estudiantiles pasaron de 988 en 2025 a 1.177 en 2026. Se suman los diplomados en Acciones Educativas y Estrategias Didácticas para profesores y estudiantes de educación básica y media.
Pienso especialmente en los 357 jóvenes de grados 10.º y 11.º de López de Micay, Guapi y Timbiquí que participaron en el Programa de Tránsito Inmediato a la Educación Superior – PTIES. De ellos, 66 ingresaron este año a nuestra Universidad. Cada ingreso representa una historia familiar y una oportunidad que comienza a hacerse realidad. Esa es la regionalización que debemos seguir construyendo: una en la que el lugar donde nace una persona no determine hasta dónde puede llegar.
Nuestra vocación solidaria también se expresa en los consultorios jurídicos, el Centro Universitario de Salud Alfonso López y los 43.244 niños, niñas, adolescentes y jóvenes de 84 municipios alcanzados mediante Sonidos para la Construcción de Paz. Está en el CECAV, Unilingüa y el Conservatorio de Música. Porque una universidad pública también debe preguntarse qué significa su presencia en la vida de las comunidades.
Nada de esto se sostiene únicamente con buenas intenciones. Necesitamos recursos y alianzas. El Congreso aprobó ampliar hasta 300.000 millones de pesos el monto autorizado de nuestra Estampilla y gestionamos ante el Ministerio de Educación Nacional 8.864 millones para infraestructura académica, investigativa y de bienestar en Santander de Quilichao. En Guapi, junto al Concejo Municipal, la Alcaldía y el Ministerio, avanzamos hacia una sede universitaria en un lote de la Normal Superior La Inmaculada, con una inversión nacional prevista cercana a los 30.000 millones.
A ello se suman los 119.000 millones contemplados en el proceso CONPES, con visto bueno del Ministerio de Hacienda, y el Proyecto de Ley 288 de 2025, Ley de Honores, que hemos liderado y acompañado. Aprobado por la Cámara y pendiente de trámite en el Senado, propone 60.000 millones anuales durante cinco años y una moneda conmemorativa. Son gestiones que todavía deben materializarse, pero pensar en el futuro exige trabajar desde ahora para hacerlo posible.
Estos esfuerzos encuentran orientación en nuestro Plan de Desarrollo Institucional 2023-2027, Por una Universidad de Excelencia y Solidaria. El Plan de Mejoramiento Institucional alcanza el 94 %, con 26 de sus 29 acciones finalizadas y tres que continuarán. Presentamos al CNA nuestro Informe de Autoevaluación sin requerimientos adicionales de completitud y, del 26 al 28 de octubre, recibiremos a cinco pares académicos para la evaluación externa.
Más de 3.300 integrantes de nuestra comunidad han participado en este recorrido. Y quizá allí esté una de sus enseñanzas más importantes: la calidad no pertenece a una administración ni se agota en un reconocimiento. Es una construcción colectiva que nos exige valorar nuestros avances sin dejar de reconocer aquello que todavía debemos mejorar.
Durante casi dos siglos no solo hemos sido testigos de las transformaciones del Cauca, Colombia y el mundo; también hemos contribuido a hacerlas posibles. Seguimos siendo hacedores de nuestra propia historia, una historia que se escribe cada día en nuestras aulas, en la investigación y en las oportunidades que abrimos, y que tiene en nuestra gente su patrimonio más valioso.
Por eso, quisiera que llegáramos al bicentenario sin mirar únicamente hacia atrás. Honrar nuestra historia también significa reconocer la grandeza de nuestro presente, con sus logros y desafíos, y comprender que lo que hacemos hoy está proyectando el futuro de nuestra Universidad. Es una manera de asumirnos con visión prospectiva, conscientes de que las decisiones y los avances de este presente marcarán el camino de nuestra institución bicentenaria. Una Universidad pública de excelencia y solidaria, que seguiremos construyendo entre todos, con la responsabilidad de abrir nuevas oportunidades para las generaciones que vendrán porque somos y seguiremos siendo #PatrimonioDeTodos.
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