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Mujeres firmantes: historias de protagonistas, no de víctimas

Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales


Foto interna 5

Mujeres firmantes: historias de protagonistas, no de víctimas

Foto interna 5

Mujeres firmantes: historias de protagonistas, no de víctimas

Escrito por: Evelyn Catalina Villota Zutta| 27 de mayo del 2026

Tiempo de lectura: 12 minutos

Alianza Co.marca*/ Proclama del Pacífico

Desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016 han surgido diferentes proyectos, como emprendimientos y espacios culturales por parte de las mujeres firmantes, entre estos el café-bar La Trocha en la ciudad de Popayán, un escenario relevante dentro del contexto sociopolítico y económico del territorio.

Las hojas verdes se mueven, el viento encuentra camino entre ellas y las agita bruscamente como si llevara fuertes memorias. Entre pisadas que resuenan en contacto con la tierra, hay un estruendo, hay explosiones, hay balas que viajan más rápido que las mismas voces. Voces que se apagan conforme el aliento se desvanece hasta quedar inmóviles, mientras ellas avanzan con cautela, cuidando la espalda de quienes, aunque no compartan consanguinidad, se convierten en una rama de aquel árbol que las sostiene a todas. Una rama, justo a lado de la otra. Mujeres que conforman un tejido colectivo, un vínculo tan fuerte como las raíces adheridas a la tierra. Juntas buscan un nuevo panorama en la ciudad, emprendiendo y dejando atrás, pero no olvidando aquella guerra que antes era su hogar, esa que cambiaron hace diez años con la firma del Acuerdo de Paz.

De repente, las raíces de aquel prominente árbol ya no yacen sobre tierra y abono, sino en el asfalto, un asfalto duro y frío por el que los automóviles pasan apresurados. Las ramas grandes y pequeñas del árbol ahora se rodean de edificaciones; los pájaros se escuchan con dificultad; el tráfico se extiende a lo largo de las vías y ensordece la caída de agua de algún riachuelo en medio de la distante selva.

Teniendo en cuenta el Informe del Secretario General sobre la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia correspondiente al período de junio-septiembre de 2025 (S/2025/595), 11.000 firmantes de paz continúan su proceso de reincorporación en Colombia, y el 85% viven fuera de los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación, incluyendo a aquellos que residen en zonas urbanas. Dicha dinámica de traslado a esas áreas tiene como objetivo acceder a oportunidades de empleo, ya sea de manera independiente o no, contar con los servicios básicos y alejarse de riesgos de seguridad en relación a la presencia de grupos armados no estatales y a la violencia persistente contra firmantes del acuerdo en zonas rurales.

Entre todas esas ramas nacientes del prominente árbol, están aquellas que pueden tener el cabello largo o corto, que usan vestidos o pantalones, que tienen sonrisas con historias guardadas e incluso algunas que son madres cabeza de hogar. Aquellas ramas son mujeres firmantes de paz, quienes de acuerdo con un comunicado de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) publicado el 7 de marzo de 2025, representan una cifra de 3.010 mujeres, siendo el 27 % de los firmantes que siguen con el proceso de reincorporación.

Pero dichas cifras no se quedan solo en los informes, ya que en el departamento del Cauca toman forma a través de diferentes voces en medio del aroma a café. Allí, entre un “buenas tardes” o un “buenas noches”, varias de estas mujeres están al frente del café-bar La Trocha, una iniciativa de la Asociación de Mujeres por la Paz con Justicia Social Las Manuelitas, ubicado en la calle 1 del barrio La Pamba.

 

Primera estancia, denominada “Amamos la Paz”
Historias de protagonistas

Mientras el país depositaba su voto en las urnas el 8 de marzo y delineaba el rumbo del Congreso, dentro del café-bar La Trocha, un grupo de mujeres seguía reafirmando la decisión de cambiar la guerra por el trabajo colectivo, recordando que la implementación del Acuerdo no ocurre solamente en los debates legislativos dentro del Capitolio Nacional...

Más que un establecimiento abierto a payaneses y visitantes, de acuerdo a un informe de la ARN de 2025, es un espacio de empoderamiento y reincorporación para 31 personas, en su mayoría mujeres, que combina servicios de café, coworking y catering con procesos tanto de formación como de fortalecimiento comunitario, contribuyendo a la preservación de la memoria del conflicto armado en Colombia a través de murales, encuentros colectivos y testimonios de vida de quienes hoy transitan de la guerra a la vida civil.

La Trocha tiene un valor social y colectivo al representar el paso siguiente a las negociaciones. “Luego de la firma del acuerdo de paz con el gobierno colombiano, se comienza a plantear no solo el tema de la reforma agraria como aspecto general, ambién particularidades dentro esta, así como la relación con las mujeres. Al frente de distintas dinámicas se colocan las excombatientes de la FARC-EP, siendo dinámicas productivas respecto al ingreso económico. En el caso del Cauca eso se expresa en varios proyectos dirigidos por mujeres, así como La Trocha”, señala el dirigente social y político del departamento del Cauca, Walter Aldana.

Al mismo tiempo, la presencia del café-bar en el centro urbano de Popayán adquiere relevancia al tener en cuenta la trayectoria sociopolítica de la ciudad, la cual ha estado históricamente vinculada a estructuras tradicionales. Es así que en este escenario donde mujeres firmantes lideran un emprendimiento visible y abierto al público, se delimita una transformación en las dinámicas de participación social, económica y simbólica del territorio.

***

El polvo se posa sobre el asfalto de la vía, entre los antejardines y las angostas aceras hasta filtrarse por la puerta abierta de un edificio cuya fachada refleja diversos rostros posados sobre la pared. Las miradas impresas parecen establecer un diálogo silencioso con quienes transitan frente al lugar, algunos continúan su camino, otros se detienen y cruzan la puerta blanca que contrasta con el prominente vinotinto en el interior. Hay mesas de madera, lámparas y pequeñas luces suspendidas del techo, al fondo, una barra sostiene un frasco de propina voluntaria, mientras detrás se organizan utensilios de cocina con ciertos ingredientes.

Justo al otro lado de la barra, que funciona como punto de recepción, se encuentra una de las protagonistas: Leidy Julieth Chocue Quevedo, quien hizo parte de las pioneras de esta iniciativa y actualmente sigue trabajando en “La Trocha” y sus diferentes procesos. Ella organiza y dispone los espacios del café-bar mientras recibe a los clientes con un cálido saludo reflejado en su “bienvenidos” y en su lenguaje corporal que acoge a quienes van llegando.

Al extremo izquierdo de la pared del fondo hay un vano, una entrada que conduce a un pasillo. Aparecen una serie de escalones y junto a ellos un letrero: “La Trocha de la memoria” que comienza a dibujarse poco a poco. Colgados y resaltando en las pálidas paredes hay pequeñas fotografías como una ventana al pasado. Son la memoria de las historias, las anécdotas y los procesos de las mujeres firmantes. Rostros familiares que guardan cariño y nostalgia, reuniones rigurosas, sonrisas cálidas y cargadas de orgullo, la presencia de voces, a simple vista silenciosas, pero que llevan a cabo un recorrido colectivo.

Esa presencia visual confirma su papel como protagonistas y agentes sobresalientes dentro de los procesos de reincorporación. De este modo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, estas experiencias reflejan que más allá de la memoria simbólica, las mujeres firmantes han impulsado iniciativas tanto comunitarias como económicas que transformaron sus condiciones de vida y las de sus comunidades.

De acuerdo con ONU Mujeres Colombia, en un informe de 2025, 2.765 han recibido desembolsos para llevar a cabo proyectos productivos en modalidades colectivas e individuales en el sector agrícola (123 proyectos), comercio (534 proyectos), industrial (91 proyectos), pecuario (727 proyectos) y servicios (154 proyectos). Al mismo tiempo que 20 iniciativas productivas colectivas, lideradas exclusivamente por mujeres, han ingresado a la Estrategia de Sostenibilidad con planes de fortalecimiento y recursos asignados.

Los escalones aumentan, se extienden hasta la segunda planta donde hay una pequeña reja de madera, siendo el telón para los demás espacios. Los pasos se encuentran con algunos salones, en línea recta se dirigen al primero sin puerta, con varios cuadros en una de sus paredes, mientras que en la otra hay tonalidades azules, doradas y blancas, creando formas que proponen esa representación del pasado en la selva, teniendo un juego visual cargado de colores y vivencias.

La madera de las sillas y mesas responden a esa misma estética, conservando el color natural y acogiendo a los diferentes clientes. Del techo cuelgan unas peculiares lámparas, no sólo iluminan el espacio, poseen formas que guardan la esencia de la naturaleza. Una sala donde Leidy Chocue brinda un exquisito menú para que las papilas gustativas de los visitantes se deleiten entre sabores de comidas y bebidas, mientras experimentan una compañía colectiva.

Los pasos avanzan, uno tras otro, atravesando la sala. En uno de los extremos, una puerta da entrada a un juego de tonos verdes, de tamaños y formas de las hojas que se balancean, como si fueran lianas que caen en medio de inmensos árboles. Las lianas toman forma, surge una especie de canastas en mimbre que guardan luz en su centro, que dan vida al espacio, acompañando a los que se posan sobre las bancas de madera, acogiendo de una forma más íntima a todos en la sala.

Historias de protagonistas
Construcción de memoria colectiva sobre la historia de las mujeres farianas y sus vidas

Retornando a la pequeña reja de madera los pasos se devuelven, y justo en uno de los extremos, se alza una puerta negra, guardando en su interior el “Salón de Reconciliación”. Adentro, sobre las lisas paredes y la primera capa de pintura blanca, se delinean una serie de murales narrativos, entre naturaleza, personas y colores. Un espacio que atesora y construye historias.

—¿Puedes ver a esas dos mujeres ahí en el río? —preguntó Leidy.

—Sí claro, de hecho quería preguntar por la forma de su cabello —respondí con curiosidad.

—Están unidas a través del cabello con un propósito.

—Supongo que es así.

—En medio del conflicto, cuando las mujeres iban al río para lavarlo, a través de esta práctica se establecía una conexión y unos lazos colectivos —aseguró.

Más allá de tratarse de una rutina de limpieza o autocuidado, era un ritual que conectaba a las diferentes mujeres en medio de la guerra. Esta dinámica estaba reflejada en uno de los murales del salón, donde hay dos mujeres que comparten una misma cabellera en medio del río, siendo su propio cabello una metáfora visual que dibuja una de las experiencias del conflicto.

En medio de un contraste de paredes blancas y murales, surgen infinidad de actividades conjuntas que refuerzan tanto los lazos como los aprendizajes colectivos, prácticas que poco a poco delinean aquel fortalecimiento de los procesos comunitarios y que promueven la reconciliación.

Ante los murales se desarrollan talleres con temáticas y enfoques diferentes, pueden ser del autocuidado, de servicio al cliente, de comunicación asertiva, de resolución de problemas y demás aspectos. A través de estos, las personas viven experiencias enriquecedoras, así como Jandri Zharick Sarmiento Bastidas, quien es una de los frecuentes participantes y reconoce que dichos talleres han tenido un gran impacto en su vida, enseñándole a gestionar sus emociones con el fin de afrontarlas de manera efectiva.

Las mujeres firmantes, en el presente y desde hace una década, se han sumergido en diferentes mecanismos que aportan al progreso colectivo. “Desde mi perspectiva son mujeres demasiado empáticas, son mujeres que luchan por un bienestar para todos y todas, donde el respeto y la comunicación son un papel fundamental, son ellas quienes buscan la integración y la inclusión dentro de la sociedad”, asegura Zharick Samiento conforme a su proceso dentro de La Trocha.

Aunque siguen trabajando constantemente la marcha ha delimitado ciertos baches, no es un camino plano y liso, más bien se trata de un camino largo como los extensos surcos de los ríos, copado de obstáculos como un campo minado, roñoso como la textura de las rocas y la corteza de los árboles. Aquel camino lleno de lodo y hojas secas, que al llegar la primavera, tiene brotes de todo tipo de flores.

Para Walter Aldana, uno de los mayores baches es la presencia de la estigmatización “por ejemplo, si usted reparte volantes en cualquier zona de Popayán, diciendo que hay un café-bar dirigido por mujeres firmantes, mucha gente de pensamiento tradicional, como los patojos raizales, no irían. Esto sucede porque dirían que es una cosa guerrillera. Se trata de romper con esa satanización al demostrar el compromiso con el proceso de negociación y mantener la dinámica, respecto a la construcción democrática y al ejercicio económico en el marco de esta sociedad capitalista”, asegura el dirigente.

En un departamento atravesado por constantes desafíos de seguridad y en un escenario nacional donde se redefinen mayorías legislativas, proyectos encabezados por mujeres firmantes evidencian la dimensión concreta de la reincorporación integral respecto a la vida civil. Esto en relación al enfoque dentro del apartado 3.2 del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, denominado “Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil – en lo económico, lo social y lo político – de acuerdo con sus intereses”.

Mientras el país depositaba su voto en las urnas el 8 de marzo y delineaba el rumbo del Congreso, dentro del café-bar La Trocha, un grupo de mujeres seguía reafirmando la decisión de cambiar la guerra por el trabajo colectivo, recordando que la implementación del Acuerdo no ocurre solamente en los debates legislativos dentro del Capitolio Nacional, sino también en las zonas urbanas de los territorios, donde la paz se consolida en prácticas cotidianas que incluyen respaldo político y al mismo tiempo, compromiso social.

Salón de Reconciliación

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