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+1000 de aura:
el viejo arte de ser visto

Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales


Portada F3

+1000 de aura:
el viejo arte de ser visto

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+1000 de aura:
el viejo arte de ser visto

Escrito por: Isabelly Satizabal | 10 de septiembre de 2026

Tiempo de lectura: 15 minutos

Co.marca

Las batallas de aura llevaron poses y memes de internet a parques y calles. Detrás de la tendencia hay una práctica mucho más antigua: jóvenes usando el cuerpo, el estilo y códigos propios para construir identidad, pertenecer y ser reconocidos.

En una batalla de aura no hay golpes ni un marcador real: hay poses, gestos y referencias a memes, juegos o anime, mientras el público decide quién proyecta más seguridad, estilo o carisma.

“Farmear aura” mezcla dos lenguajes. Farmear viene de los videojuegos y significa repetir acciones para acumular recursos o puntos; aura, en la jerga digital, se refiere a la presencia o impresión que una persona genera frente a los demás. Cambridge Dictionary define aura farming como realizar acciones con la intención de proyectar una personalidad admirada, atractiva o interesante. Oxford University Press incluyó la expresión entre las candidatas a palabra del año 2025 y señala que su uso comenzó a crecer en internet desde 2023. 

En Colombia, esta tendencia ya pasó de las redes a espacios presenciales. El 24 de agosto de 2026, Noticias RCN registró a jóvenes realizando estos retos en colegios y parques. Días antes, el 19 de agosto, el creador de contenido Westcol abrió una convocatoria nacional para los llamados “Juegos del Aura W” en Medellín; las inscripciones estuvieron abiertas hasta el 21 de agosto.

Antes del aura ya existían los códigos

La palabra es nueva. La necesidad de construir identidad frente a los demás, no tanto.

En los años sesenta y setenta, los hippies utilizaron el cabello largo, la ropa colorida, la música y la vida comunitaria para diferenciarse de la cultura dominante. Décadas después, el punk convirtió prendas y peinados en signos de desafío, mientras que en los años 2000 los emos construyeron una identidad reconocible mediante estética, música y formas de expresión emocional.

Sobre este último grupo, Luciana Rodrigues Bezerra y Herculano Ricardo Campos, analizaron en 2014 la identidad juvenil Emocore, y concluyeron, que sus elementos estéticos y de comportamiento funcionaban como una propuesta de identificación entre jóvenes, y como parte de un estilo de vida difundido por los medios y la industria musical. 

Con internet aparecieron nuevas formas de mostrarse. Los floggers fueron una subcultura juvenil surgida en Argentina durante los años 2000 alrededor de Fotolog, una red social donde los jóvenes publicaban fotografías de sí mismos, comentaban las de otros y construían una estética reconocible con peinados, ropa y poses propias. Además de relacionarse en internet, organizaban encuentros presenciales. En 2010, Luciana Quintero Ortiz, en una investigación presentada en las Jornadas de Sociología de la Universidad Nacional de La Plata, analizó esta identidad como una construcción juvenil atravesada por las nuevas tecnologías, la exposición de la imagen y la socialización virtual.

No era “aura”, pero ya existían códigos para comunicar: “este soy yo, pertenezco aquí y quiero que me vean de esta manera”.

Antes del meme estaba el cuerpo

Mucho antes de las batallas de aura, el cuerpo ya servía para comunicar seguridad, dominancia o prestigio.

En 2020, Zachary Witkower, Jessica Tracy, Joey Cheng y Joseph Henrich, encontraron que señales como la posición de la cabeza, la sonrisa y la forma de ocupar el espacio influyen en cómo se perciben la dominancia y el prestigio.

En 2016, Tanya Vacharkulksemsuk y otros investigadores analizaron citas rápidas y 3.000 perfiles de una aplicación de citas. Encontraron que las personas con posturas abiertas y expansivas eran percibidas como más dominantes y abiertas que aquellas con posturas contraídas.

Estos estudios ayudan a entender por qué el cuerpo es tan importante en el farmeo de aura: abrir los hombros, ocupar más espacio, controlar la mirada o adoptar ciertas poses puede hacer que una persona sea percibida como más segura, dominante o presente. Lo novedoso está en los memes, las referencias y los códigos digitales que acompañan esos gestos; usar el cuerpo para transmitir una determinada impresión a los demás es algo mucho más antiguo.

De la pantalla a la calle

Para Tania Obando, socióloga de la Universidad de Nariño, las redes sociales son fundamentales para entender la rapidez con la que estas prácticas se comparten, se imitan y se transforman. Sin embargo, considera especialmente relevante que el farmeo de aura haya salido de la pantalla para reunir a jóvenes en parques, calles y otros espacios públicos.

Obando explica que este paso también puede entenderse como una nueva forma de socialización: los jóvenes no solo reproducen códigos aprendidos en internet, sino que se encuentran, interactúan y ocupan físicamente el espacio público, incluso exponiéndose a ser observados, juzgados o ridiculizados.

El recorrido termina formando un ciclo:

Nace o circula en la pantalla → se imita con el cuerpo → reúne personas en la calle → alguien lo graba → vuelve a internet.

No son dos mundos separados. La calle alimenta la red y la red vuelve a alimentar la calle.

¿Ridículo para quién?

Desde afuera, algunos movimientos del farmeo de aura pueden parecer absurdos. Pero esa reacción no es nueva. Tania Obando, socióloga de la Universidad de Nariño, explica que muchas prácticas juveniles pueden ser juzgadas desde una mirada adulta sin comprender los códigos de quienes las realizan. En sociología, este tipo de reacción puede relacionarse con la idea de “alarma moral”: cuando un grupo, comportamiento o moda empieza a presentarse como amenaza, problema o señal de decadencia.

Esto ya ocurrió con otras expresiones juveniles. La cultura acid house generó alarma en Reino Unido; los emos fueron presentados por algunos medios como un fenómeno preocupante; y antes también hubo rechazo hacia hippies, punks y floggers.

Eso no significa que toda crítica al farmeo de aura sea una alarma moral, porque el fenómeno todavía es reciente. Pero sí deja una pregunta: ¿cuánto de lo que hoy parece ridículo es realmente nuevo y cuánto pertenece simplemente a códigos que otras generaciones no entienden?

Para la socióloga Tania Obando, juzgar estas prácticas solo desde una mirada adulta puede impedir entenderlas como formas de expresión y socialización juvenil.

Hoy, gestos como señalarse la mandíbula, hacer un “six-seven” o adoptar determinadas poses pueden parecer extraños para quien no conoce el código. Para quienes sí lo conocen, el gesto comunica.

El aura necesita público

El aura no tiene una unidad de medida y los miles de puntos que aparecen en comentarios de internet no existen fuera del juego simbólico. Para ganarlos hace falta algo mucho más real: que alguien mire.

Durante décadas, distintas generaciones de jóvenes han usado la música, la ropa, el cabello, el baile y el lenguaje para reconocerse entre ellos y diferenciarse de quienes estaban afuera. El farmeo de aura suma ahora memes, videojuegos y videos cortos a esa misma necesidad de proyectar una identidad.

Lo nuevo no es querer ser visto. Lo nuevo es el código, la velocidad con la que se replica y el tamaño de la audiencia que puede estar mirando.

Porque sin público, no hay aura.

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